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dimecres, 20 de gener de 2016

La desgracia que se nos viene encima

No hay una sola acusación de Sánchez al PP que no pudiera formular en modo autocrítico. La corrupción popular, evidente, sólo es superada por el caso de los Eres, en el que están imputados los dos últimos presidentes del partido. Bueno y por la familia Pujol y CdC. Sánchez busca la decencia que le niega a Rajoy en un pacto con los restos del naufragio convergente y ERC, y con un partido que empezó a corromperse antes de pisar una institución, financiándose con el chavismo y la dictadura iraní, que les hacía llegar la pasta a través de la opacidad que ellos toman por transparencia: Teherán, Beirut, Kuala Lumpur, Tayikistán, Belice, Nicosia, Hong Kong, Moscú, Dubai y Londres. Un dinero más trotado que el niño de la Bescansa.

Pedro Sánchez abriga el, no diré razonable, sí comprensible propósito, de convertirse en presidente del Gobierno. Para ello busca dos clases de apoyos: los que quieren romper el sistema y los que se conforman con romper la nación. Él aún no sabe –puede preguntarle a Mas, que es un experto– que en estos casos, lo primero que se rompe siempre es el partido. Artículo completo...



El acuerdo de principio se hilvanó el pasado 11 de enero, un día antes de la configuración de la mesa del Congreso, en una reunión secreta entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias en un hotel de Madrid. Podemos se mostró dispuesto a retirar de la mesa el tema del referéndum de autoderminación de Cataluña para facilitar el acuerdo de gobierno. También se acercaron posiciones para la prohibición por ley de los desahucios, un nuevo Estatuto de los Trabajadores, la subida progresiva del Salario Mínimo, la firma de un Pacto contra la Violencia de Género, la derogación de la LOMCE, la sanidad pública, la lucha para erradicar la pobreza infantil y la energética, asegurar unas pensiones dignas o la ayuda a los refugiados.

Sánchez ya contaría con los 165 votos necesarios para ser investido presidente del Gobierno en segunda vuelta: los 90 de su partido más los 69 de Podemos (incluídos los 4 de Compromís que han solicitado formar grupo propio) y otros 6 del PNV.

Sánchez necesitaría la abstención del resto de las fuerzas, ante el más que probable voto en contra de Ciudadanos (C’s) y del Partido Popular, que cuenta con 119 votos propios, 2 de Unión del Pueblo Navarro (UPN), y 1 de Foro Asturias.

Además, se espera que el popular Pedro Gómez de la Serna, quien se encuentra en el Grupo Mixto después de ser apartado por el partido, se manifieste también en contra de una investidura de Sánchez. El líder de los socialistas ya se ha asegurado también la abstención o incluso el sí, si fuera necesario, de los independentistas catalanes Democracia y Libertad (DyL) y de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC): lo hizo cuando les cedió cuatro senadores para que formaran grupo propio en la Cámara Alta.

Con este escenario, poco importa lo que hagan Izquierda Unida, que cuenta con dos diputados, Bildu que tiene otros dos o Coalición Canaria-Partido Nacionalista Canario que sólo cuenta con un diputado. Las fuerzas en contra sólo sumarían 163 votos, frente a los 165 a favor, lo que en una segunda vuelta de la votación daría la Presidencia del Gobierno a Pedro Sánchez.









Carles: Cataluña no se acaba en el independentismo, y tu mejor que nadie deberías saberlo



Puigdemont, nieto del pastelero de Amer que se pasó a los 'nacionales' y terminó la guerra como encargado de intendencia en el Penal de Burgos

Era enero de 1938 y Amer, territorio republicano. La casa de los Puigdemont, allí donde 24 años más tarde nacería Carles, había servido de refugio para tres enemigos de la República -dos curas, uno de ellos hermano de su mujer, y un militar jubilado de Madrid a quien el estallido de la guerra sorprendió de vacaciones en la Costa Brava-. A Francisco iban a llamarle a filas pero él se resistía. "Mi padre", prosigue Josep, "no quería ir a la batalla del Ebro". De modo que tomó una decisión. Cuando recibió el chivatazo de que el bando republicano le iba a llamar, el pastelero entregó a su esposa dos cartas ficticias supuestamente escritas desde el frente, contactó con la Blanca del Carbonell, "una heroína de Olot que pasaba a curas, monjas y católicos" gracias a su conocimiento de las rutas de pastores y payeses, y se fugó.

En su deserción, Francisco cruzó por los Pirineos a Francia. Pero allí la policía lo detuvo y le ofreció un pasaporte y dos opciones: "O volvía a Cataluña o a la zona nacional". Optó por Irún, que ya había sido conquistada por los sublevados del general Franco. De allí viajaría a Pamplona, donde, con la ayuda de su cuñado el cura, pasó a Ubrique (Cádiz). Entonces un amigo que controlaba los puestos en las cárceles de presos republicanos lo "colocó" en el penal de Burgos. Allí el pastelero se encargó del suministro de la comida a los presos "rojos". Francisco Puigdemont salía de la cárcel, compraba los alimentos y los llevaba a la cocina. Estaba contento, cobraba "un buen sueldo", cuenta su hijo. Tanto que, cuando acabó la guerra, llamó a su mujer: ¿por qué no se iban con él? "Casi somos de Burgos", ironiza Josep... Seguir leyendo...