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divendres, 25 de març de 2016

Adonis, el gran poeta sirio: «La religión musulmana ha impedido siempre la gran cultura árabe»

—La gran cultura árabe clásica siempre ha estado al margen de la religión. No hay ningún autor árabe que haya escrito poesía, novela, teatro, si no es al margen y en contra de la religión. Los místicos musulmanes fueron grandes herejes. La religión ha sofocado las culturas árabes. No hay grandes universidades musulmanas, no hay grandes laboratorios musulmanes, no hay gran cultura árabe: la religión musulmana lo ha impedido, siempre. No puede escribirse poesía, no pueden escribirse ensayos o novelas, respetando una legislación coránica que comienza por negar la identidad de la persona. Un poeta como Claudel, un novelista como Bernanos, pueden ser al mismo tiempo, grandes escritores y grandes creyentes. La religión católica les permite esa libertad. Eso es impensable en las sociedades árabes musulmanas. Las mujeres han sido y son las primeras víctimas de esa tiranía religiosa.

Algunas películas, una saudita, una marroquí, varias iraníes, alguna kurda, hablan de una suerte de revuelta de las mujeres en algunas sociedades árabe / musulmanas. ¿Cree posible la emergencia de un movimiento de liberación de la mujer musulmana?

—Ese movimiento es una realidad. Pero los Estados apoyados por occidente siguen persiguiendo a las mujeres que sueñan con un estatuto de ciudadanas libres. Ese comportamiento occidental rinde un flaco favor a la libertad de los pueblos, en general, y a la libertad de las mujeres, en particular. El islam ha separado de manera espantosa lo masculino y lo femenino. El hombre domina e impone una ley tiránica. La mujer se convierte en un objeto sexual, que se usa, se compra, se vende, y se tira. En la religión musulmana se institucionaliza de alguna manera la relación entre el amo y el esclavo, la esclava. La mujer es un sexo mecánico, al servicio del deseo y el placer del hombre. Daesh, culminación histórica de una forma bien actual de «Estado islámico», compra y vende mujeres. Las niñas son las mujeres que se venden más caras: son vírgenes. A los asesinos dispuestos a matar se les promete ir al paraíso, donde los esperan un montón de vírgenes / esclavas, para que pueden realizar sus fantasías después de muertos.

¿Qué hacer para intentar ayudar a las sociedades árabes víctimas de la teología musulmana y para intentar combatir las amenazas criminales que amenazan a las sociedades libres?

—Intentar favorecer la separación de la religión y el poder político. Los regímenes políticos pueden cambiar, evolucionar. Cuando la religión y la palabra coránica son la única todas las libertades están en cuarentena. Las mujeres están jugando un papel importante: aspirando a la libertad, están contribuyendo a cambiar las mentalidades. El hombre árabe musulmán más modesto es víctima de la pobreza y la ignorancia, favoreciendo la miseria sexual. Combatir la miseria sexual a través de la cultura es una forma de ayudar a los pueblos árabes a salir del pozo negro donde se encuentran.
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Molenbeek o la ilusión multicultural

I called Molenbeek my home for nine years. In 2005, it was the city’s last affordable neighborhood — in large part because of its bad reputation. My apartment, just across the canal from the city center, is close to the home where two suspects in the Paris attacks were based, and around the corner from where the shooter from the foiled Thalys attack in August had been staying.

I was part of a new wave of young urban professionals, mostly white and college-educated — what the Belgians called bobo, (“bourgeois bohémiens”) — who settled in the area out of pragmatism. We had good intentions. Our contractor’s name was Hassan. He was Moroccan, and we thought that was very cool. We imagined that our kids would one day play happily with his on the street. We hoped for less garbage on the streets, less petty crime. We were confident our block would slowly improve, and that our lofts would increase in value. (We even dared to hope for a hip art gallery or a trendy bar.) We felt like pioneers of the Far West, like we were living in the trenches of the fight for a multicultural society.

Christmas lights in the municipality of Sint-Jans-Molenbeek (Molenbeek-Saint-Jean) in Brussels, November 16, 2015. Christmas lights in the municipality of Sint-Jans-Molenbeek (Molenbeek-Saint-Jean) in Brussels, November 16, 2015 | James Arthur Gekiere/AFP via Getty Images Slowly, we woke up to reality. Hassan turned out to be a crook and disappeared with €95,000, the entire budget the tenants had pooled together for our building’s renovation. The neighborhood was hardly multicultural. Rather, with roughly 80 percent of the population of Moroccan origin, it was tragically conformist and homogenous. There may be a vibrant alternative culture in Casablanca and Marrakech, but certainly not in Molenbeek.

Over nine years, I witnessed the neighborhood become increasingly intolerant. Alcohol became unavailable in most shops and supermarkets; I heard stories of fanatics at the Comte des Flandres metro station who pressured women to wear the veil; Islamic bookshops proliferated, and it became impossible to buy a decent newspaper. With an unemployment rate of 30 percent, the streets were eerily empty until late in the morning. Nowhere was there a bar or café where white, black and brown people would mingle. Instead, I witnessed petty crime, aggression, and frustrated youths who spat at our girlfriends and called them “filthy whores.” If you made a remark, you were inevitably scolded and called a racist. There used to be Jewish shops on Chaussée de Gand, but these were terrorized by gangs of young kids and most closed their doors around 2008. Openly gay people were routinely intimidated, and also packed up their bags.

I finally left Molenbeek in 2014. It was not out of fear. The tipping point, I remember, was an encounter with a Salafist, who tried to convert me on my street. It boiled down to this: I could no longer stand to live in this despondent, destitute, fatalistic neighborhood.
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El nivel del mar

Pocas veces se le explica a la gente, o nunca, que el nivel del mar en la costa sube o baja influenciado no solamente por lo que haga el volumen total de agua oceánica, sino también por los movimientos hacia arriba o hacia abajo del terreno costero. Así el mareografo de Estocolmo, con mediciones continuadas desde el siglo XIX, indica que el mar allí desciende casi 4 mm cada año. Es debido al efecto de rebote de elevación del terreno que aún se sigue produciendo tras la descongelacion del hielo que lo aplastaba hace 10.000 años. ANTÓN URIARTE


FUENTE



Notícias de mi pueblo









Radovan Karadzic condenado a 40 años de prisión por el genocidio de Srebrenica

El ex líder serbobosnio Radovan Karadzic fue declarado culpable de genocidio en Srebrenica, varios cargos de crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra por un tribunal de las Naciones Unidas el jueves y condenado a 40 años de prisión.

Karadzic, de 70 años, es el líder de los serbios de más alto rango condenado por el Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia de genocidio y crímenes contra la humanidad cometidos durante la guerra de Bosnia en la década de 1990, incluyendo la muerte de más de 8.000 hombres y niños musulmanes en Srebrenica y los 44 meses de asedio de Sarajevo.

"Como Srebrenica cayó la estrategia a largo plazo destinada a la eliminación de la población musulmana bosnia de Srebrenica comenzó a ser transformado en un plan concreto y común para eliminarlos", dijo el presidente del tribunal, O-Gon Kwon, mientras pronunciaba el veredicto.

La matanza en Srebrenica era una operación cuidadosamente planeada, el juez dijo, con Karadzic y el comandante militar serbobosnio, Ratko Mladic, determinada en su determinación de matar "a todos los varones musulmanes bosnios no discapacitados" en Srebrenica.

Karadzic fue el líder político de los serbios de Bosnia y Herzegovina después declararon su independencia de Yugoslavia en 1992. Durante la guerra, que estallaron semanas después, también se desempeñó como comandante de la fuerza paramilitar serbio, cuyos miembros son acusados ​​de cometer las peores atrocidades de la 1992-1995 guerra de Bosnia. Incluyen las expulsiones forzadas de los musulmanes y croatas de ciudades y pueblos de Bosnia - una práctica que se conoce como limpieza étnica.

A medida que el presidente del enclave serbio en Bosnia y como el comandante de las fuerzas militares serbias, Karadzic era "la única persona dentro de la República Srpska con el poder de intervenir, para evitar que los varones musulmanes bosnios de ser asesinados", dijo el juez. Él hizo todo lo contrario: ordenó que los musulmanes bosnios en Srebrenica, bajo custodia de las fuerzas militares serbias, matar, dijo el juez.
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