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dimecres, 28 de setembre de 2016

Un lapsus de Felipe resucita a los GAL




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Felipe González: “Sánchez me dijo que se iba a abstener. Me siento engañado”



Puigdemont engatusa al soberanismo con otro 9N

Puigdemont se alía con Junqueras y da la espalda a Mas


CRÓNICA GLOBAL.- Caras largas en los pasillos del Parlamento catalán. Son las de Artur Mas, Francesc Homs y su afines. Acaban de oír la frase del presidente, Carles Puigdemont “o referéndum o referéndum”. Y eso supone una declaración de guerra en toda regla a la vieja guardia convergente, que todavía se resiste a propuestas de ruptura unilateral.

La primera sesión del debate sobre la cuestión de confianza celebrada en la Cámara catalana ha sacado a la luz el deseo de Puigdemont de soltar lastre de su predecesor, Artur Mas, y afianzar los lazos con ERC. Era un secreto a voces que en las reuniones del Gobierno, los consejeros convergentes y republicanos tenían dos velocidades separatistas, así como las complicidades de Puigdemont con el vicepresidente económico, Oriol Junqueras, y el consejero de Asuntos Exteriores, Raül Romeva. Pero lo ocurrido ayer en el Parlamento catalán ha oficializado esas alianzas. En contra del criterio de dirigentes como Mas, Homs, Jordi Turull y, sobre todo, del moderado Santi Vila, Puigdemont prometió un referéndum unilateral en la segunda quincena de septiembre de 2017 si, como es previsible, el Gobierno español no se aviene a pactar una consulta de estas características sobre la independencia de Cataluña. Para muchos, eso suena a un nuevo 9N, es decir, a un nuevo proceso participativo que ni será vinculante ni tendrá efectos políticos y jurídicos
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Puigdemont convocará un referéndum en septiembre 2017 con o sin aval del Estado


LA VANGUARDIA.- El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, se ha comprometido este miércoles a convocar un referéndum sobre la independencia de Catalunya, pactado o no con el Estado, durante la segunda quincena del 2017. El jefe del Ejecutivo catalán ha anunciado sus planes durante su intervención en el debate sobre la cuestión de confianza a la que se somete entre hoy y mañana, y que cuenta de entrada con el sí de la CUP.

En su discurso, Puigdemont ha apelado a la “responsabilidad de la política española” para que acepten negociar un referéndum pactado con Catalunya, una opción “que apoya el 60% de los votantes catalanes”, ha señalado, sumando los sufragios de Catalunya Sí que es Pot, Junts pel Sí y la CUP. Sin embargo, si el Gobierno español rechaza pactar una consulta, la Generalitat organizará un referéndum por su cuenta, que se celebrará en septiembre del año que viene. “O referéndum o referéndum”, ha insistido Puigdemont. Esta es la manera mejor herramienta, ha afirmado, para desbloquear el pleito catalán -en ningún momento se ha referido a las elecciones constituyentes que también barajaba Junts pel Sí-.

“Por nuestra parte hay total disposición a colaborar con un Gobierno español que haga posible que votemos en un referéndum sobre la independencia; y si el Gobierno español acepta este principio democrático, estamos dispuestos a negociar la fecha, la pregunta, el cuórum, la moratoria para volver a pedir otro referéndum en caso de que perdamos y ala manera en cómo hemos de gestionar el resultado que se obtenga”, ha afirmado. Puigdemont ha subrayado que aceptar el conflicto nacional abierto en Catalunya, aceptar que más de dos millones de personas quieren separarse de España, es la única manera que tiene la política española de salir de la situación de parálisis que vive desde las elecciones generales del 20 de diciembre.

Esta oferta de pacto no paraliza el camino hacia la “pre independencia” iniciada por el gobierno de coalición de la antigua Convergència y ERC. Puigdemont ha avisado de que su Ejecutivo continuará trabajando para tener listas “las estructuras de estado” y las leyes que permitan el tránsito hacia una eventual república catalana. Dos bloques que estarán listos en junio del 2017, ha prometido, para que los ciudadanos tengan toda la información necesaria antes de votar sobre si quieren separarse de España.
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Salvar a Italia de sí misma



Básicamente, el malestar económico de Italia se debe a la incapacidad del país para vivir con el euro. La economía necesitaba reformas radicales de la producción y la administración pública para poder cumplir las normas fiscales y monetarias de pertenencia a la eurozona. Pero ningún gobierno (ni siquiera los de Silvio Berlusconi, poseedor de cómodas mayorías parlamentarias) pudo lograr más que algunas reformas parciales en áreas específicas, como las pensiones.

La falta de un marco que permitiera al país ajustarse a las nuevas realidades económicas perjudicó el crecimiento real (ajustado por inflación) del PIB italiano, que promedió apenas un 0,3% anual entre 1999 y 2015. En ese período, hubo un fuerte retroceso del salario real y el empleo: casi el 37% de los jóvenes y el 19% de los habitantes del sur de Italia están desempleados, y hasta un millón y medio de italianos jóvenes se fueron del país (sólo en 2014 se fueron 90 000). En tanto, llegaron del extranjero cinco millones de inmigrantes, que hoy son el 8,3% de todos los residentes (sin incluir a los inmigrantes indocumentados).

Muchos italianos culpan a la austeridad fiscal a la alemana por el malestar económico de su país; y partidos de oposición como la derechista Liga del Norte y el contestatario Movimiento Cinco Estrellas quieren que Italia abandone el euro, redenomine y devalúe para recuperar competitividad. Hace apenas veinte años, los italianos aceptaron de buen grado pagar un impuesto por única vez para poner el déficit fiscal a tono con las normas de la eurozona. Hoy, se calcula que entre el 35% y el 40% de los italianos quieren irse.

Pero los italianos están divididos entre la antipatía hacia la Unión Europea, que pone límites al gobierno de su país, y el descontento y la frustración con ese mismo gobierno por su incapacidad de presentar un plan de reformas creíble. Al no haber un chivo expiatorio claro, una versión italiana del referendo del Brexit británico es improbable. En una encuesta de opinión de agosto, sólo el 28% de los encuestados apoyó abandonar la UE; en un sondeo de mayo, las alternativas “más Europa” y “menos Europa” dividían a los italianos a partes iguales.

El próximo referendo constitucional en Italia no es comparable con la votación por el Brexit de junio, porque es una exigencia constitucional (no resultado de maquinaciones políticas) y no se refiere a la pertenencia a la UE (aun cuando la UE y la eurozona estarán en las mentes de los votantes).

Sin embargo, el referendo puede tener efectos amplios, con repercusiones en toda Europa. La incertidumbre política que probablemente se producirá si los votantes rechazan la reforma del Senado sería perjudicial para la agobiada economía italiana.

Los inversores internacionales apuestan por Renzi, convencidos de que es el equilibrio justo entre dinamismo y estabilidad que se necesita para sacar a Italia de su sopor. Toleraron sus excesos de entusiasmo e incluso sus errores (por ejemplo, en su manejo de la crisis bancaria italiana), y suscriben la idea de que Renzi es la única persona capaz de salvar a Italia de sí misma. Puede ser que acierten, al menos por ahora. / PAOLA SUBACCHI
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