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dijous, 29 de setembre de 2016

Susana le canta las cuarenta a Sánchez sin mentarlo



"Lo que ha hecho Podemos con IU no lo van a hacer con el PSOE"


"El Partido Socialista no pertenece sólo a sus miembros sino también a sus electores"



"Nos hemos desconectado de la sociedad y eso hace que cosechemos derrota tras derrota"


"¿Cómo es posible que con un Gobierno insensible con quien lo pasa mal hayamos perdido más votos?"


"El PSOE necesite un debate en profundidad en un Congreso sereno, no uno realizado para los intereses personales de alguien"



Por qué ya no soy 'progre'

1- Porque, pese a la caída del muro de Berlín, los “progres” siguen sin hacer pública la más mínima autocrítica, paralizados por la cobardía de quedar huérfanos de certeza. Porque continúan anclados en la “revolución pendiente” e instalados en la amnesia, al ignorar los millones de víctimas causados por su propia ideología. Porque su conservadurismo les hace mantener inalterables los principios ideológicos que asumieron cuando la evidencia de la dictadura franquista les llevo, por primera y última vez, a cambiar de manera de pensar.

2- Porque no creo en los derechos colectivos, que son la gran coartada ideológica de los que siempre encuentran una razón para someter o inmolar al individuo, a la persona concreta de carne y hueso, en el altar mayestático y redentor de la tribu, la patria, la nación, la raza, el sexo o la clase social.

3- Porque la historia no tiene significado ni leyes que la puedan hacer previsible. Cuando más libre es el mundo, menos previsible se vuelve, y más se escapa a la planificación y la tutela de los gobiernos dirigistas. Los órdenes espontáneos, surgidos de la evolución humana y de sus instituciones, son más sólidos y “racionales” que las utopías constructivistas.

4- Porque el valor fundamental de la vida humana es la libertad, sin la cual no puede haber ni responsabilidad ni justicia. Porque la planificación de la vida económica y social es incompatible con la libertad personal, como ha demostrado el fracaso estrepitoso del comunismo. Porque el mercado es la democracia económica, mientras que la planificación es la dictadura de la miseria igualitaria. Porque la propiedad de los medios de producción de bienes y servicios – tan atacada por la izquierda- se justifica de raíz por su capacidad de generar abundancia, mientras que la propiedad intelectual -tan defendida, paradójicamente por la misma izquierda- es la propiedad más discutible, porque crea monopolios y mantiene la escasez.

5- Porque sin seguridad, sin instituciones que la garanticen, la libertad no es posible. La inaprehensible naturaleza humana parece estar más cerca de Hobbes que de Rosseau. Ni es la “sociedad” la que corrompe, ni la persona es una “tábula rasa” que se puede manipular en nombre de cualquier mercancía ideológica.

6- Porque la democracia no es un fin sino un medio para cambiar los gobiernos sin violencia. Como advertía Alexis de Tocqueville, tener la mayoría no significa tener la razón, ni autoriza al gobierno a limitar los derechos de las minorías o a modificar las reglas de juego que están vinculadas al ejercicio de los derechos fundamentales. La democracia legitima el acceso al gobierno, pero no los actos que ésta ejecuta. Romper las instituciones democráticas desde dentro – Hitler, Allende, Chávez,…- no es más legítimo que hacerlo desde fuera, a través de un golpe de estado o una revolución violenta.

7- Porque las instituciones de las democracias liberales se fundamentan en el escepticismo epistemológico, o dicho de otra manera, en la ignorancia voluntaria de la verdad, contrariamente a las utopías racionalistas, que a imagen y semejanza de la teología, pretenden imponer al conjunto de la sociedad la verdad revelada o científicamente demostrada. La ignorancia de la verdad se fundamenta en la evidencia de que las personas siempre pensaron distinto, y tenemos diversidad de creencias -políticas, económicas, morales o religiosas- sobre como hemos de vivir o buscar la felicidad. La misión de los gobiernos es garantizar de manera imparcial las reglas de juego para que nadie imponga sobre otro su “verdad”, su modelo de vida, y permita que todo el mundo pueda vivir, en la medida de lo posible, según sus convicciones. Esto implica una concepción procedimental y no teleológica de la resolución de los conflictos y convierte la libertad formal en la única libertad real.

8- Porque no comparto el perpetuo malestar de muchos intelectuales respecto de la cultura de la libertad en la que viven y de la que viven, mientras que no esconden su satisfacción, al mismo tiempo, de defender por activa y pasiva cualquier dictadura si de esta manera se ataca a los gobiernos de los países democráticos y especialmente los Estados Unidos. Como decía Albert Camus, si la historia de los últimos cien años esta tan manchada de sangre es “porque la inteligencia europea, traicionando su herencia y su vocación, eligió la desmesura por su amor al patetismo y la exaltación”

9- Porque soy pacífico y no pacifista. Porque creo que mientras haya dictaduras el desarme unilateral es suicida. Porque es un engaño que se denominen pacifistas personas que siempre han creído en la violencia revolucionaria y que han justificado durante muchos años las dictaduras comunistas, hasta que la evidencia les ha hecho enmudecer, pero no cambiar de opinión. Porque me rebela que haya pacifistas que “comprenden” el terrorismo de ETA, cuando es precisamente en un contexto democrático cuando la violencia política no tiene nunca justificación. Porque no entiendo el denominado pacifismo de los que son capaces de hacer la mayor manifestación mundial contra una guerra que aun no ha empezado, pero son incapaces de mover un dedo por las guerras realmente existentes, desde Chechenia al África subsahariana. Porque, mientras haya dictadores, la única manera de evitar el genocidio y de defender la vida de las personas y su libertad es demostrar que se está dispuesto, si es necesario, a luchar para garantizarlas. Como decían los romanos “si vis pacem, para bellum”.

10- Porque creo que la revolución no es la solución sino el problema, como muy bien explica Mario Vargas Llosa en su reflexión sobre el “Che” Guevara: “Su teoría del «foco», esa punta de lanza móvil y heroica cuyos golpes irían creando las condiciones para la revolución, no funcionó en ninguna parte y sirvió, sí, en América Latina, para que millares de jóvenes que la adoptaron y pretendieron materializarla se sacrificaran trágicamente y abrieran la puerta de sus países a despiadadas tiranías militares. Su ejemplo y sus ideas contribuyeron más que nada a desprestigiar la cultura democrática y a arraigar en universidades, sindicatos y partidos políticos del Tercer Mundo el desprecio de las elecciones, del pluralismo, de las libertades formales, de la tolerancia, de los derechos humanos, como incompatibles con la auténtica justicia social. Ello retrasó por lo menos dos decenios la modernización política de los países latinoamericanos”.

11- Porque he dejado de creer en la grandilocuencia de la utopía para descubrir la modestia de la esperanza. Porque no creo ni en el cielo de los curas ni en el paraíso de los guerrilleros. Como escribía Octavio Paz: “Desde fines del siglo XVIII hemos vivido el mito de la Revolución, como los hombres de los primeros siglos cristianos vivieron el mito del fin del mundo y la inminente vuelta de Cristo. (..) El culto a la revolución es una de las expresiones de la desmesura moderna. (..) Le pedimos a la revolución lo que los antiguos pedían a las religiones: salvación, paraíso. Nuestra época despobló el cielo de dioses y ángeles, pero heredó del cristianismo la antigua promesa de cambiar al hombre. (..) Se creyó que la revolución, convertida en ciencia universal, sería la llave de la historia, el sésamo que abriría las puertas de la cárcel en que los hombres han vivido desde los orígenes. Ahora sabemos que esa llave no ha abierto ninguna prisión: ha cerrado muchas”.

JOSEP M. FÀBREGAS
(23/02/2003)

Versión original en catalán, aquí




Vladímir Putin, criminal de guerra


EL MEDIO.- Es improbable que suceda, pero si en el mundo hay alguna justicia, algún día Vladímir Putin tendrá que responder por sus crímenes. Hay un rosario de ellos, sin la menor duda. Está acusado incluso de orquestar los bombardeos registrados en uno apartamentos rusos en 1999, que le permitieron consolidar su poder y lanzar una brutal guerra de ocupación en Chechenia. Según las noticias más recientes, es responsable de crímenes contra la Humanidad en Ucrania y Siria.

Empecemos por Ucrania. Una nueva investigación internacional encabezada por los Países Bajos ha aportado más pruebas de la complicidad rusa en el derribo de un avión de Malaysian Airlines que sobrevolaba Ucrania (2014), en el que murieron las 298 personas que iban a bordo del aparato. Como recogió The New York Times, los investigadores han llegado a la conclusión de que el avión fue derribado por un SA-11 ruso, un sistema de misiles tierra-aire que fue “transportado desde Rusia a petición de los separatistas apoyados por Rusia y devuelto a Rusia esa misma noche”.

La investigación no sólo ha confirmado la complicidad del Kremlin, sino que también ha documentado su encubrimiento, “que continúa hasta el día de hoy” y rechazado las absurdas explicaciones rusas sobre cómo se pudo producir el derribo, entre las que se cuenta la de que “la CIA llenó un dron civil con cadáveres y lo estrelló para desacreditar a Rusia, o que los ucranianos estaban intentando derribar el avión de Putin pero dieron al avión civil”.

Vayamos ahora con Siria, donde Rusia ha provocado una pérdida aún mayor de vidas inocentes. En Foreign Policy, Paul McCleary escribió que Rusia, ignorando un alto el fuego negociado por su ministro de Exteriores y el secretario de Estado norteamericano, John Kerry, ha estado enviando aviones Su-25 Frogfoot (la versión rusa del A-10 Warthog) para pulverizar una serie de objetivos en Alepo como apoyo a la ofensiva del Gobierno sirio para capturar la parte de la ciudad en manos de los rebeldes: “Los aviones rusos están atacando zonas civiles con bombas incendiarias, bombas de racimo y lo que se cree que es una bomba antibúnker Betab-500″.

Al menos 250.000 personas, entre ellas 100.000 niños, están atrapadas en el este de Alepo, y sufriendo de lleno el impacto de la ofensiva respaldada por Rusia, que acaba de arrasar un hospital. “Las bombas antibúnker, más adecuadas para destruir instalaciones militares, están destruyendo casas y refugios antibombas, dejando lisiados o mutilados y matando a decenas, si no a centenares, de personas”, declaró ante el Consejo de Seguridad Matthew Rycroft, embajador de Gran Bretaña en la ONU. “En resumen, es difícil negar que Rusia está cometiendo crímenes de guerra”, añadió. “Lo que Rusia está respaldando y haciendo no es contraterrorismo, es barbarie”, denunció la embajadora de EEUU en la ONU, Samantha Power.

No es difícil establecer un vínculo directo entre las acciones de Rusia y la responsabilidad de Putin, dado que Rusia es en la práctica un Estado dirigido de manera unipersonal. La única pregunta es: ¿cuáles son las consecuencias que sufrirá Putin por lo que está haciendo? Estaría completamente justificado que La Haya lo imputara por crímenes de guerra, pero es improbable que ocurra, ya que Putin es visto como demasiado poderoso para ser enjuiciado.

Como mínimo, Putin tiene que ser vetado y sancionado como nunca antes lo ha sido. La amenaza de Kerry de dejar de tener tratos con Rusia o Siria es patética: hace mucho tiempo que EEUU debería haber dejado de dignificar el régimen de Putin con el tratamiento diplomático que corresponde a los Estados normales. Putin preside un Estado gansteril que se cuenta entre los peores violadores de los derechos humanos del planeta, y debería ser tratado como tal. Si la Administración Obama se niega a hacer algo más para que Putin pague el precio por sus crímenes; si insiste, como hasta ahora, en legitimar la intervención de Rusia en Siria, en vez de dotar a los rebeldes con medios para defenderse, se convertirá, en efecto, en cómplice de sus crímenes de guerra.

Y en Cataluña, todo sigue igual

Puigdemont supera la cuestión de confianza pero tiene pendiente los Presupuestos


El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, ha superado la cuestión de confianza por 72 votos a favor y 63 en contra. Tal y como estaba previsto, el jefe del Ejecutivo ha revalidado la confianza del Parlament con los apoyos únicamente de Junts pel Sí y la CUP. Los 'cupaires' no han aplaudido el resultado una vez se ha conocido.

Puigdemont sale de la cámara catalana ganando tiempo, pero sin tener la aprobación de los Presupuestos del 2017 garantizados. La cuestión de confianza la convocó después de que el pleno del Parlament no aceptase tramitar las cuentas de este año. La CUP votó en contra y de cara a los presupuestos de 2017 no se ha comprometido a votar a favor.
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Sánchez, un tonto ególatra con transtorno narcisista de personalidad, dispuesto a hundir al PSOE con él

Hoy, el conocido tuitero @GreekAnalyst publica una lista de lecciones de la crisis griega. Una de ellas hace referencia a Yanis Varoufakis, el que fue ministro de Finanzas de Tsipras y dice así:



El diagnóstico sobre Varoufaquis creo que puede aplicarse perfectamente a Pedro Sánchez. Engreído, chulo, encantado de haberse conocido, poseedor de la verdad, cree tener el poder cuándo es el poder el que lo tiene a él. La legitimidad democrática a la que apela (las primarias) sólo decide quién ha de ocupar el cargo, pero no como ha de ejercerlo. El poder de mando del secretario general está delimitado por las normas vigentes del partido, en sus Estatutos y reglamentos. Aferrarse al poder cuándo éste es cuestionado legal y legítimamente es como dar un autogolpe y conducir al partido a una conflicto interno que puede terminar por romperlo. Un peligro tan real que el diario El País publica esta noche un nuevo editorial titulado SALVAR AL PSOE y en el que califica Sánchez de 'insensato sin escrúpulos':
La salida del secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, forzado por la dimisión este miércoles de una mayoría de su comisión ejecutiva, es imprescindible. En circunstancias normales en la vida de cualquier partido político, el revés recibido por el PSOE en las elecciones autonómicas celebradas en Galicia y el País Vasco el pasado domingo, que se suma a las derrotas cosechadas en las dos elecciones generales del último año, donde el PSOE ha obtenido los peores resultados de su historia, deberían haber supuesto la dimisión automática de su líder. Cualquier dirigente político cabal lo hubiera hecho sin dudarlo. Pero Sánchez ha resultado no ser un dirigente cabal, sino un insensato sin escrúpulos que no duda en destruir el partido que con tanto desacierto ha dirigido antes que reconocer su enorme fracaso.



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