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dissabte, 1 d’octubre de 2016

Chao, camarada Sánchez



Ya parecía imposible pero, finalmente, Pedro Sánchez se ha ido. Y se ha ido sin querer entender nada. En comparecencia pública para anunciar su dimisión como secretario general del PSOE, Sánchez ha reiterado por enésima vez que el problema es la discrepancia interna sobre la investidura de Rajoy, eludiendo que el detonante de la crisis ha sido la doble derrota electoral del partido en las elecciones de Galícia y el País Vasco y la sospecha, más que fundada, de que había apalabrado un pacto de gobierno con Podemos y ERC con Iceta de testigo.



Su intransigencia y su ego, su desenfrenada ambición por llegar a la presidencia del Gobierno a cualquier precio, dejan tras él un PSOE dividido, roto, moribundo, con heridas difíciles de curar.

El PSOE que conocíamos ha muerto. El espacio de centro izquierda que ocupaba como partido socialdemócrata ha quedado en gran parte hueco. Medio PSOE está más cerca de Podemos que de Felipe González. Y la otra mitad no sabemos exactamente dónde está.

Ese espacio debe ser cubierto. Y ello ofrece una oportunidad a Ciudadanos, que no puede desaprovechar. Visto que no son un partido liberal, pueden desplegar una proyecto social-liberal que ocupe el espacio de la vieja socialdemocracia.

Esa u otra combinación sería mil veces preferible a que ese espacio lo capitalizaran los apocalípticos de Podemos.


Savater: 'Lo peor del bipartidismo es lo que viene después'



'En el PSOE no saben qué quieren ser de mayores: como los dioses fatales no lo remedien, su historia habrá comenzado con un Pablo Iglesias y va a acabar con otro'

'Investidura no quiere decir que te tengas que casar con el investido'

'Vivimos en una hiperpersonalización de la política'

'Lo peor del populismo es que sus gobernantes sólo trabajan para una parte de sus ciudadanos'

(...)
Este momento de bloqueo político ¿qué muestra y qué esconde?

Muestra que cuando todo el mundo animaba para que se acabase el bipartidismo nadie había pensado en qué hay después del bipartidismo. Recuerdo una frase de mi amigo Adam Michnik: "Lo peor del comunismo es lo que viene después". E igual sucede con el bipartidismo en España.

¿Pero se rompió el bipartidismo?

Se ha roto, sí. Tenía muchos males, cierto, pero lo que no dejaba era un país sin gobierno. Y ahora ya tenemos una gran fragmentación política. 
Que también tiene alguna cosa favorable.

Como las tiene desfavorables. Entre las buenas destaca que entran en juego más voces políticas y más matices, pero no olvidemos que esto exige un cierto entrenamiento para manejarlo y eso aquí no existe todavía. Entre las muchas curiosidades llamativas de este periodo destaca la existencia de grupos parlamentarios que están haciendo la oposición a gobiernos que no existen. Primero hay que crear un gobierno, aunque sea para decir que no nos gusta. El fin del bipartidismo ha llegado por sorpresa. Como dijo Felipe González, estamos como Italia pero sin italianos.

Y si eso es lo que muestra el bloqueo, ¿qué es lo que esconde?

Demasiadas ambiciones personales. Vivimos en una hiperpersonalización de la política. Algunos están convencidos de que si no son ellos los que construyen el puente es preferible que la gente se ahogue. Y en política primero hay que pensar en el puente, no en quién lo hace.

¿Esa actitud no revela una cierta bisoñez democrática?

Así parece. Hasta el punto de que hay quien desconoce el significado de ciertos términos. Por ejemplo: investidura. Investidura no quiere decir que te tengas que casar con el investido. La culpa de que el último candidato a la investidura sea Rajoy la tiene la gente, que es la que vota. Pero el investirlo no quiere decir que aceptemos su proyecto ni que nos parezcan bien sus ideas. Al contrario. Quien mejor ha entendido esto es Ciudadanos. Si el PSOE lo hubiera hecho de igual modo creo que se le podrían haber sacado muchas cosas a Rajoy. Y en cualquier caso, tendríamos un Gobierno al que oponernos y al que maldecir, que es algo necesario también en la vida.

O sea: es partidario de un Gobierno de consenso entre PP, PSOE y Ciudadanos.

Habría sido lo perfecto. No olvidemos que nuestro país no está en unas circunstancias normales. Aquí vivimos bajo la seria amenaza contra su unidad, algo que no ocurre en Europa. Aquí si no estuviera el independentismo habría una posibilidad mayor de pacto entre partidos de izquierda y ya estarían los socialistas en el Gobierno. Esa unión a tres entre PP, PSOE y Ciudadanos ya la veo casi imposible.

¿Entonces?

Pues unas terceras elecciones en las que sugeriría a los ciudadanos que aparcásemos las diferencias políticas por una vez y votemos a los dos únicos partidos capaces de entenderse y de planear una legislatura: PP y Ciudadanos. Y después cada cual a sus intereses políticos. ¿Quién garantiza que después de las terceras no puede haber unas cuartas? Los candidatos son los mismos, los votantes son los mismos y el país tampoco cambia tanto en unos meses.

¿Pero ese Gobierno a tres no sería la muerte de un PSOE delirante y se convertiría en un Ejecutivo de vetos más que de pactos?

Probablemente. Y, sobre todo, sería de recorrido muy corto. Habría más discrepancias que parecidos, pero al menos saldríamos del impass frente a Europa y de cara a los presupuestos. De esta tenemos que salir y hay que dar la impresión de que la máquina sigue en marcha. No se puede mantener la imagen actual de que el Gobierno que se busca es el de unos contra otros. Lo peor del populismo (Chávez, Kirchner) es que esos gobernantes sólo trabajan para una parte de sus ciudadanos. Y eso está sucediendo aquí, nuestros políticos están exhibiéndose en contra de la mitad del país.

Y ya que citamos al PSOE, ¿de qué modo es alternativa de algo en medio de una guerra de pandilleros y sin rumbo?

El PSOE ha sufrido un proceso de degradación desconcertada desde la irrupción política del populismo podemita. No saben qué quieren ser de mayores: como los dioses fatales no lo remedien, su historia habrá comenzado con un Pablo Iglesias y va a acabar con otro. La socialdemocracia, que a mi juicio equivale en política a la common decency de la que habló Orwell y por eso es motivo de inquina entre la familia Trump de nuestro entorno, necesita intérpretes con los instrumentos menos desafinados que los actuales, sin complacencias venenosas con el nacionalismo y sin envidia cochina por las fútiles lentejuelas con que se reviste el radicalismo para bobos y rencorosos.

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Sánchez descubre el leninismo



Pedro Sánchez ha intentado presionar a los miembros del Comité Federal del PSOE, que se reúne mañana en Ferraz, con una comparecencia ante los medios de comunicación en 'prime time' para advertirles que pagaran caro un cambio de política que permita que Mariano Rajoy sea investido presidente del Gobierno. Un cambio que, si se produce, comportaría su dimisión.

Siempre he defendido la hoja de ruta establecida por el Comité Federal. Votar no a Mariano Rajoy e intentar un gobierno alternativo, transversal y de cambio. Pero el Comité Federal que se va a celebra mañana puede cambiar esa hoja de ruta, y pasar a la abstención para que gobierne Mariano Rajoy. Sinceramente, nunca he creído, e insisto, nunca he creído que tal decisión que aquellos compañeros que lo defienden están sosteniendo signifique que estén más cerca de la derecha. Lo que sí advierto es de sus consecuencias, del error que significaría para millones de votantes progresistas y también para el Partido Socialista
Texto íntegro de la comparecencia de Sánchez, aquí



Sánchez defiende el 'centralismo democrático' 

Tras la advertencia de su dimisión y de los males que acarreará al PSOE cometer el pecado mortal de permitir que gobierne el partido que ha ganado las elecciones, Sánchez ha desvelado su concepción de la democracia interna, más allá de la elección directa a través de primarias del secretario general:

Yo quiero una organización que debata hasta la extenuación, que vote y una vez votado, toda la organización vaya a una detrás de esa decisión. Lo contrario, la discrepancia de voces, no hace bien a nuestro Partido.

Pues bien, convendría que alguien leído le cuente a Sánchez que esa formulación de la democracia interna se llama 'centralismo democrático' y que fue inventado por un tal Lenin.


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El 53% de españoles cree que Sánchez debe irse, que mientras el 63% de votantes socialistas piensa que debe quedarse



EL ESPAÑOL.- Una mayoría de votantes del PSOE quieren que Pedro Sánchez siga al frente del partido. Según indica una encuesta de SocioMétrica para EL ESPAÑOL, el 63,3% no quiere que deje el cargo inmediatamente aunque se lo pidan una mayoría de de presidentes autonómicos y muchos cargos del partido.

El sondeo, ya disponible al completo para suscriptores en La Edición de EL ESPAÑOL, aporta otros datos clave sobre la grave crisis en la que se encuentra sumido el PSOE y fue hecho esta semana, recogiendo ya la reacción a la cascada de dimisiones de este miércoles.

Los votantes del PSOE prefieren a Sánchez para repetir en el cargo cuando se celebren las primarias, sean cuando sean. Hasta un 37,2% apoyaría al actual líder a pesar de su desgaste. Le sacaría casi 12 puntos a Susana Díaz (25,4%) y más de 15 a Eduardo Madina (21,2%).