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diumenge, 30 d’octubre de 2016

¿Por qué los chiflados españoles son de izquierdas?

Cinco millones de españoles votan al partido Podemos. La mitad de los ciudadanos catalanes dan su apoyo al gobierno desleal de la Generalidad y a sus proyectos ilegales. La cuarta parte aproximada de la población vasca, y me atengo a una exquisita prudencia estadística, ha escogido el orgullo en vez de la vergüenza para vertebrar su relato sobre el terrorismo. Chiflados, pues, los hay. ¡A millones! Y peligrosos. A la chifladura derechista de echar a los inmigrantes corresponde la de salir de Europa, ésa que comparten podémicos y secesionistas. Y a la de echar a los catalanes de España, la de echar a los españoles de Cataluña.

Hay chifladura. Pero toda está en la izquierda. Insiste en la circunstancia el socialismo catalán, que acaba de pedir respetuosamente su ingreso en la orden de la chifladura podémica, una decisión que, de todos modos, puede ser absolutamente benéfica para la reconstrucción del socialismo español. La destrucción del catalanismo ha acabado de completar el cuadro. Es verdad que durante bastantes años la derecha cedió una parte de sus votos a la chifladura nacionalista. Pero tras la alianza de los restos del catalanismo con el movimiento antisistema, el nacionalismo ya está inherentemente cosido a la izquierda, salvo lo que tenga bien exponer en los próximos meses el marido de la diputada Arrimadas.

El Pp ha perdido votos. Pero con limpieza, por así decirlo. Ha perdido votos en favor de una formación política, Ciudadanos, que no aspira, al menos en su programa de hoy, a formar parte militante de la chifladura. Las razones por las que la derecha española exhibe hoy un perfil razonable, aliado con el sentido común y la inteligencia disponible, no dejan de tener un punto excitante de misterio. La politología reinante nos las explicará cuando ya no sea necesario. Estoy seguro de que se trata de una paradójica venganza. Vuestra violenta demonización del Pp, el torpe extremo al que habéis llegado, han hecho imposible la aparición de algo consistente a su derecha. Y es que, piénsalo, libe: ¿cómo hacer brotar una llama en el infierno? | ARCADI ESPADA

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El mito del indio ecologista


En 1854, el gobernador del territorio de Washington, en nombre del presidente de los EE.UU. Franklin Pierce, se reunió con Jefe Seattle, líder de los indios Duwamish, y le hizo una oferta de compra de tierras. Según la mitología ecologista esta fue la respuesta de Jefe Seattle a dicha oferta:
¿Cómo se puede comprar o vender el cielo? ¿La tierra? La idea es extraña para nosotros .... Cada parte de esta tierra es sagrada para mi pueblo: cada brillante aguja de pino, cada playa arenosa, cada neblina en la oscuridad del bosque, cada pradera, cada insecto que zumba. Todos son sagrados en la memoria y experiencia de mi pueblo .... ¿Enseñaréis  a vuestros hijos lo que nosotros hemos enseñado a los nuestros? ¿Que la tierra es nuestra madre? Lo que ocurre en la tierra afecta a todos los hijos de la tierra. Esto sabemos: la tierra no pertenece al hombre, el hombre pertenece a la tierra.
Es, sin duda, un maravilloso discurso. El único problema es que Jefe Seattle nunca lo pronunció. Fue escrito por el guionista blanco y profesor de cine, Ted Perry, para la serie dramática Home de la ABC TV en 1971. Una ficción que dio origen al mito del indio ecologista avant la lettre.

En realidad, Jefe Seattle estaba muy interesado en vender tierras y las vendió. Y sus palabras -bucólicas pero en nada precozmente ecologista- fueron más pragmáticas que las del mito creado por Ted Perry. Si bien no se ha encontrado ningún registro oficial de lo que dijo Jefe Seattle en la reunión con el gobernador de Washington, si existe un documento publicado en el Seattle Sunday Star el 29 de octubre de 1887 por un periodista testigo de la reunión. En dicho documento puede leerse lo siguiente:
Vamos a ponderar la propuesta, y cuando hayamos decidido os lo diremos. Pero, como queremos aceptarla, hago aquí una primera condición: que no se nos niege el privilegio, sin ser molestados, de visitar a nuestro antojo las tumbas de nuestros antepasados ​​y amigos.

Cada parte de esta tierra es sagrada para mi pueblo. Cada colina, cada valle, cada llanura, cada bosque están consagradas por algún recuerdo querido o por alguna experiencia triste de mi tribu. Hasta las rocas, que parecen yacer mudas en solemne grandeza tomando el sol a lo largo de la costa tranquila, se estremecen con los eventos pasados conectados con el destino de mi pueblo. Y el mismo polvo bajo nuestros pies responde con mayor amor a nuestras pisadas que a las vuestras, porque son las cenizas de nuestros antepasados. Y nuestros pies desnudos son conscientes del roce compasivo, porque el suelo está enriquecido con la vida de nuestros parientes.

…/…

Y cuando el último piel roja haya perecido en la tierra y su memoria entre los hombres blancos se haya convertido en un mito, estas costas se llenará de los muertos invisibles de mi tribu, y cuando los niños de sus hijos se crean solos en el campo, el almacén, la tienda, en la carretera o en el silencio de los bosques, no estarán solos. En toda la tierra no existe un lugar dedicado a la soledad.

De noche, cuando las calles de vuestras ciudades y pueblos estén en silencio y las creáis desiertas, estarán llenas con los espíritus que una vez las ocuparon y aún aman esta bella tierra. El hombre blanco nunca estará sólo, porque los muertos no están completamente desprovistos de poder.

El contenido de los dos textos es radicalmente diferente. El primero es una fantasía ecologista, mientras que el segundo expresa los términos de un contrato de compraventa. Eso sí, con cláusulas 'sui géneris' de servitud antropo-panteístas. En otras palabras, que en esta historia los ecologistas han sido los únicos en hacer el indio.

(Via Plaza Moyua)