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dijous, 24 de novembre de 2016

Por qué Italia debería votar NO en el referéndum de diciembre


THE ECONOMIST.- Mr Renzi’s constitutional amendment fails to deal with the main problem, which is Italy’s unwillingness to reform. And any secondary benefits are outweighed by drawbacks—above all the risk that, in seeking to halt the instability that has given Italy 65 governments since 1945, it creates an elected strongman. This in the country that produced Benito Mussolini and Silvio Berlusconi and is worryingly vulnerable to populism.

Granted, the peculiar Italian system of “perfect bicameralism”, in which both houses of parliament have the exact same powers, is a recipe for gridlock. Laws can bounce back and forth between the two for decades. The reforms would shrink the Senate, and reduce it to an advisory role on most laws, like upper houses in Germany, Spain and Britain.

In itself, that sounds sensible. However, the details of Mr Renzi’s design offend against democratic principles. To begin with, the Senate would not be elected. Instead, most of its members would be picked from regional lawmakers and mayors by regional assemblies. Regions and municipalities are the most corrupt layers of government, and senators would enjoy immunity from prosecution. That could make the Senate a magnet for Italy’s seediest politicians.

At the same time, Mr Renzi has passed an electoral law for the Chamber that gives immense power to whichever party wins a plurality in the lower house. Using various electoral gimmicks, it guarantees that the largest party will command 54% of the seats. The next prime minister would therefore have an almost guaranteed mandate for five years.

That might make sense, except for the fact that the struggle to pass laws is not Italy’s biggest problem. Important measures, such as the electoral reform, for example, can be voted through today. Indeed, Italy’s legislature passes laws as much as those of other European countries do. If executive power were the answer, France would be thriving: it has a powerful presidential system, yet it, like Italy, is perennially resistant to reform.

The risk of Mr Renzi’s scheme is that the main beneficiary will be Beppe Grillo, a former comedian and leader of the Five Star Movement (M5S), a discombobulated coalition that calls for a referendum on leaving the euro. It is running just a few points behind Mr Renzi’s Democrats in the polls and recently won control of Rome and Turin. The spectre of Mr Grillo as prime minister, elected by a minority and cemented into office by Mr Renzi’s reforms, is one many Italians—and much of Europe—will find troubling.

One drawback of a No vote would be to reinforce the belief that Italy lacks the capacity ever to address its manifold, crippling problems. But it is Mr Renzi who has created the crisis by staking the future of his government on the wrong test (see article). Italians should not be blackmailed. Mr Renzi would have been better off arguing for more structural reforms on everything from reforming the slothful judiciary to improving the ponderous education system. Mr Renzi has already wasted nearly two years on constitutional tinkering. The sooner Italy gets back to real reform, the better for Europe.
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Lo de que el invierno se retrasa debe ser un cuento chino, que dijo Trump


La nieve cubría en octubre más de 5 millones de km2 (diez veces la extensión de España) del hemisferio norte. Los últimos años la nieve de principio de otoño ha venido siendo mucho más abundante que en los años 80 y 90. Lo de que el invierno se retrasa debe ser un cuento chino, que dijo Trump. | ANTÓN URIARTE


Herejía: la Tierra se enfría, el CO2 disminuye y no hay una relación clara entre el CO2 y la temperatura global

Los evolucionistas del XIX, además de dinamitar el concepto de una Naturaleza inmutable, también nos legaron una gran afirmación: “Si el clima influye en el desarrollo de los organismos, también los seres vivos han de influir en el clima”. Pese a lo que algunos creen, tampoco tenemos primicia alguna como especie modificadora de la atmósfera. Las concentraciones de oxígeno y dióxido de carbono (CO2) en esta capa gaseosa que nos reviste, han variado (y mucho) a lo largo de las diferentes eras geológicas, no solo debido a la furia de los volcanes, sino también a la actividad de los organismos que realizan la fotosíntesis. El CO2 es un chute para las plantas, se disparan como un jovenzuelo en una discoteca de Ibiza. De nuevo, las páginas de ese novelón que tiene por título “El planeta azul” nos relatan que, desde la aparición de la Vida, el dióxido de carbono se ha ido reduciendo progresivamente en beneficio del oxígeno.

Podemos pues resumir esta perspectiva geológica en tres actos: La Tierra se enfría, el CO2 disminuye y, un dato más: no hay una relación clara en el registro geológico entre el CO2 y la temperatura global.

¿Qué nos importa esta visión tan lejana en el tiempo? Un pimiento, dirán muchos de ustedes. Pero no abandonen aún la lectura y dejen que les acerque poco a poco hasta nuestro tiempo.

La curva de la temperatura global de la Tierra durante los últimos cuatro millones de años bien pareciera la trayectoria de una montaña rusa. La sucesión de glaciaciones y periodos interglaciares más cálidos ha revolucionado el planeta en los últimos segundos de su biografía. Por un lado, las continuas subidas y bajadas del nivel del mar (amplitudes de hasta 130 m), que han ido modificando la línea de costa y trazado numerosos puentes terrestres durante las glaciaciones, vías naturales que han utilizado las especies para migrar y cambiar de rumbo. Por otro lado, importantes extinciones de aquéllos que no supieron o pudieron adaptarse a los vaivenes del clima; valga como ejemplo la desaparición de los mastodontes (mammuts) y de nuestros primos los Neandertales, que se quedaron también por el camino (ambos por grandullones).

El Neolítico marca un antes y un después en nuestro devenir como especie; pasamos de ser grupos dispersos de nómadas, con culillo de mal asiento y más hambre que un león de circo, a concentraciones estables de campesinos y ganaderos. Ese cambio tan extraordinario en el comportamiento vino inducido por una variación radical del clima: atrás quedó la última glaciación para dar paso a un clima más cálido y favorable para el desarrollo de la agricultura. En ese momento cumbre de la Prehistoria, la temperatura global subió unos 5ºC en tan solo dos décadas y los hielos se retiraron hacia las latitudes polares que ahora conocemos. Durante los 12.000 años que han trascurrido desde entonces, las fluctuaciones climáticas han marcado el paso de las grandes civilizaciones. El imperio romano se extendió durante siglos bajo una bonanza climática que permitió el cultivo de viñedos en Britania y de cereal en el norte de África. El llamado Óptimo Romano tocó techo hacia el año 400 d. de C., y coincide con un recrudecimiento de los inviernos en el norte de Europa que fuerza a los pueblos bárbaros a desplazarse hacia el sur, abriendo cada vez más fisuras en las fronteras del Imperio. El calor volvió de nuevo a Europa en la Edad Media, y las buenas cosechas y ricos pastos sufragaron la construcción de las grandes catedrales. Pero si hay que remarcar una época peculiar en nuestra historia, ésta fue la Pequeña Edad de Hielo. Las pinturas de Brueghel El Viejo (S. XVI) ya muestran unos paisajes con mil matices de blanco en la paleta, y un manto de frío, hambre y miseria cubrió a la vieja Europa hasta bien entrado el XIX.

Recientes estadísticas ponen de manifiesto que el 75% de las tierras no cubiertas por el hielo están modificadas por el hombre. La humanidad posterior a la revolución industrial se ha convertido en un agente transformador del paisaje a un ritmo vertiginoso. Nuestra huella en el planeta ha adquirido ya una dimensión global, alterando la mayoría de los ecosistemas, menguando la biodiversidad y dejando un reguero manifiesto de contaminación en mares, ríos, lagos y acuíferos. Si esto pareciera poco, hemos liberado a la atmósfera una importante concentración del carbono que la Tierra había almacenado durante millones de años como depósitos de carbón, gas e hidrocarburos. En estos momentos hay suficientes evidencias científicas, ya incuestionables, sobre un cierto aumento del CO2 en la atmósfera que procede de las emisiones humanas, y que representan un 5% del total. Los modelos climáticos y la realidad muestran un clima cada vez más extremo, donde cada día se baten récords de temperatura. Según los expertos hemos entrado en un nuevo ciclo climático antes no reconocido por el hombre, aunque sí por la Tierra. | ROSA MARÍA MATEOS

Estas son las 13.500 empresas en riesgo de perder los derechos transfronterizos tras el Brexit



The UK exit from the European Union (Brexit) is likely to have a range of impacts, with trade flows likely to be most affected. One possible outcome of Brexit is a situation where WTO tariffs apply to merchandise trade between the UK and the EU. By examining detailed trade flows between the UK and all other EU members, matching over 5200 products to the WTO tariff applicable to external EU trade this paper shows that such an outcome would result in significantly different impacts across countries. Our estimates of exposure at the country level show an extremely wide range with reductions in trade to the UK falling by 5% (Finland) to 43% (Bulgaria) taking into account the new tariffs and the elasticity of the trade response to this price increase. Food and textiles trade are the hardest hit, with trade in these sectors reducing by up to 90%.


Lloran, obscenamente, por sí mismos


El problema del populismo son las 169 portadas que el diario El País dedicó a demostrar la culpabilidad de un inocente llamado Francisco Camps. El problema del populismo es que el Partido Popular decidiera que una imputación (o investigación, como la llaman ahora) era suficiente para que Rita Barberá abandonase la vida política. Una decisión, por cierto, en la que influyó la radical exigencia de Ciudadanos, mucho más grave cuando este partido se distingue o se quería distinguir por practicar una política absolutamente refractaria al populismo.

Lloran por sí mismos. Han tenido mala suerte, cabe reconocerlo. Si Barberá hubiera muerto de un accidente de tráfico, cuánto más mesurados no habrían sido sus juicios, cuánto más anecdóticas y solapadas sus lágrimas. Incluso si hubiera muerto en Valencia, ha de vuelta... Pero no. Ha sido en el propio Madrid, un día después de declarar por mil euros, a dos pasos del templo de la soberanía popular, sola y apestada en una habitación de hotel.

Comprendo la mala conciencia derramada, la comprendo. El escenario dispuesto por la muerte es de un simbolismo barroco cargado e insoportable. Pero harían bien en contener las lágrimas y dejar de buscar en ellas redención. Llorar es a veces muy narcisista. Llorar es a veces mira cómo estoy llorando. Y las emociones, el único modo de pensar del populismo. Entiérrenla, olvídenla y pónganse a trabajar. Porque la democracia está imputada. | ARCADI ESPADA
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