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dilluns, 24 de juliol de 2017

Los brigadistas internacionales del soberanismo catalán









De lejos, las cosas no son lo que parecen.
De cerca, lo que se firma es otra cosa muy distinta:




divendres, 21 de juliol de 2017

El No a la independencia gana a dos meses del referéndum


El independentismo cae más de diez puntos desde noviembre de 2013

E-NOTICIES.- Los partidarios de que Cataluña sea estado independiente caen más de diez puntos desde noviembre de 2013, cuando alcanzaron el máximo apoyo con el 48,5%. La segunda oleada del barómetro de este año del Centro de Estudios de Opinión cifra los partidarios de un Estado independiente en el 34,7%.

El 30,5 defiende que Cataluña siga siendo una comunidad autónoma dentro de España, el 21,7 es partidario de un Estado dentro de una España federal y el 5,3 quiere que sea una región de España.

Otra pregunta similar dice que el 41,1% de los catalanes quieren que Cataluña se convierta en un Estado independiente, según el último barómetro del CEO. Por el contrario, el 49,4 rechazan la independencia, mientras que un 7,8% no lo sabe y un 1,7% no contesta.

De este modo, el unionismo aumenta la distancia hasta los 8,8 puntos respecto al independentismo. En el último barómetro, publicado en marzo de 2017, los partidarios de seguir en España sacaban sólo 4,2 puntos respecto al independentismo.

Esta diferencia actual entre ambas opciones es la más significativa desde junio de 2015, cuando los unionistas llegaban al 50% y los independentistas eran el 42,9. En octubre de 2015, sin embargo, este dato ya se había equilibrado y los unionistas eran el 47,8%, mientras que los independentistas eran el 47,7%.






dijous, 20 de juliol de 2017

El letrado mayor del Parlament duda de la legitimidad de la vía unilateral para el 1-O


LA VANGUARDIA (Quico Sallés).- Duro informe del letrado mayor del Parlament de Catalunya y profesor de Derecho Administrativo de la UPF, Antoni Bayona, sobre las bases jurídicas del procés y la contradicción que constata entre el principio democrático y el principio de legalidad en la “estrategia” de la mayoría independentista en la cámara catalana. “No siempre hay una línea clara de continuidad y coherencia”, declara rotundo en la Revista Catalana de Dret Públic de Catalunya. De hecho, en el estudio duda de la legitimidad democrática de la vía unilateral, carga contra la interpretación de los resultados del 27-S y tilda de “grave error” considerar el Estado español de “autoritario”.

El artículo publicado, que edita la Escola d’Administració Pública de la Generalitat y se titula El futur polític de Catalunya: el paper del Parlament, analiza en once apartados la actividad del Parlament relacionada con el proceso soberanista con consideraciones de “índole sociopolítica indispensable para contextualizarla adecuadamente”.





Lecturas de provecho 1


Las cosas del nacer

Se dice: cualquiera puede criar a un niño, lo mismo una abuela que una pareja de homosexuales o sus padres biológicos. Pero es que no es lo mismo ser padres de una criatura que cuidarla: no es idéntico criar que engendrar. En efecto, cualquier persona o pareja de personas con miramiento y afecto puede cuidar muy bien la infancia de un niño, sean cuales fueren su edad o sus preferencias sexuales. ¡Ojalá hubiera más adultos generosos para atender a tantos niños abandonados, desvalidos, hostigados hasta la muerte! Ser padres es otra cosa, a, la vez más simple y más misteriosa: el empeño de la carne, la culminación del deseo. Por supuesto, después los padres somos indignos, abandonamos a la pareja o a la progenie, la destruimos a fuerza de amor o de ignorancia... sea. Pero nadie tiene derecho a hurtar a otro el enigma corpóreo de su origen, las dos figuras distintas que se debaten en la sombra y luego en la penumbra de nuestros sueños: nadie tiene derecho a encerrar a Edipo en una probeta, como si se tratase de un genio maligno. ¿Cómo dice el verso de Quevedo? "La vida empieza en lágrimas y caca...". Respetemos, por principio, nuestro principio.
Fernando Savater. Leer el artículo completo, aquí



Mesianismo, secesión y reglas de juego

'La libertad de ser excéntrico debe ser restaurada. Newton debe ser bien recibido de nuevo a la academia'

Cómo el "neoliberalismo" se convirtió en el insulto favorito de la izquierda


dimecres, 19 de juliol de 2017

El comunismo, esa trágica utopía a la que quisimos tanto en nuestra juventud




El comunismo después del comunismo
por Manuel Arias Maldonado


...un país que trataba de dejar atrás una larga dictadura militar y el recuerdo de una sangrienta guerra civil no podía concebir al PCE como una fuerza modernizadora, ni desde luego ver a Santiago Carrillo y Dolores Ibárruri como símbolos de lo nuevo. Carecían del suficiente poder afectivo, en buena medida porque suscitaban automáticamente el recuerdo de un pasado que trataba de reprimirse. Por contraste, el PSOE había abjurado formalmente del marxismo en el Congreso de Suresnes de 1974 y procedido a consolidar pacientemente el liderazgo de González, un hombre nacido ya en la posguerra. Su victoria, concentrando el voto de la izquierda, dejó claro que el PCE no gobernaría España.

No es de extrañar: los españoles querían libertades, modernidad, crecimiento, Europa, un Estado del Bienestar: algo que los comunistas españoles, con su severidad característica, no podían representar fácilmente. Se diría que la desaparición de la némesis del PCE, la dictadura franquista o incluso Franco himself, privaron al comunismo español de su razón de ser: como si sólo pudiera conservar sus fuerzas en presencia del enemigo.(...)

En las películas de Nanni Moretti, por ejemplo, podían verse el desencanto y la decepción de una generación que había creído en una religión política tan ambiciosa como fallida. Parte de esa conversación, andando el tiempo, versó acerca de aquello que se había hecho mal, de manera que la lucha contra el capitalismo pudiera retomarse con nuevos bríos. Con todo, si el comunismo ha retenido –a pesar de los pesares– un cierto número de votantes, se debe sobre todo a dos razones: a la dificultad psicológica y anímica que comportaba para muchos de ellos aceptar el fracaso de la ideología que había vertebrado su identidad política y, a menudo, su biografía personal; y al hecho de que muchos de ellos no deseaban tanto levantar una nueva Unión Soviética como mantener viva una voz que hablara en nombre de las clases trabajadoras en las democracias liberales europeas.

Orgánicamente, las circunstancias diferían y también lo hicieron los resultados. En Italia, donde el fin del comunismo había sido anunciado por Achille Occhetto en el célebre «giro de Bolonia», el Partido Comunista Italiano llegó a desaparecer (aunque pronto emergió una debilitada versión «refundada» del otrora importante comunismo italiano). También en España el PCE había dejado en 1986 su nombre a Izquierda Unida, una formación paraguas para diversas fuerzas de izquierda bajo el liderazgo de los comunistas. Tras la marcha de Carrillo, Julio Anguita se convirtió en un líder efectivo que supo sacar partido del desgaste de unos socialdemócratas que, tras siete intensos años de gobierno reformista, veían erosionarse sus credenciales izquierdistas. Así que pasaron de cuatro a trece diputados, que mantuvieron hasta 1996: los comunistas se habían convertido en la izquierda romántica, verdadera, a la que votar en conciencia cuando el pragmatismo socialista se hacía insoportable. Por su parte, el Partido Comunista de Portugal, que no había sufrido tanto como el español tras la Revolución de los Claveles que restauró la democracia en 1974, vio cómo sus apoyos se reducían a la mitad en las elecciones de 1991: sus diecisiete escaños de entonces son los mismos que ahora. Su capacidad de resistencia tiene mucho que ver con el relativo subdesarrollo económico de Portugal, que no ha llegado nunca a experimentar el desarrollo exprés que ha caracterizado distintas fases de la historia reciente de España.

Por su parte, el Partido Comunista Francés había salido dañado de su breve experiencia de gobierno con el Partido Socialista a principios de los años ochenta. Tras anunciar una «ruptura con el capitalismo», el presidente Miterrand pronto aplicó políticas económicas y fiscales ortodoxas destinadas a evitar una recesión económica, lo que deslegitimó al comunismo francés y lo dejó inerme ante un socialismo hegemónico durante esa década. La caída de la Unión Soviética aceleró un declive que se deja ver en la circulación del famoso L’Humanité, el periódico oficial del Partido Comunista: si su difusión alcanzaba los quinientos mil ejemplares tras la guerra, descendió a setenta mil después de 1991. ¡Aunque tampoco está tan mal!

Alemania es un caso distinto: la existencia de la República Democrática Alemana que dividió al país durante décadas ha marcado al comunismo alemán contemporáneo. Privados de legitimidad, se integraron en la política parlamentaria de la República Federal con otro nombre (Die Linke) sin haber sido aceptados todavía por los demás partidos como un socio aceptable en un hipotético gobierno de coalición. Y ni siquiera la crisis económica, que ciertamente no ha golpeado Alemania con demasiada fuerza, les ha reportado un aumento de votantes. Pese a ello, el hartazgo de la normalidad −es decir, el agotamiento del modelo de la Gran Coalición– puede abrir la posibilidad de que a medio plazo los excomunistas alemanes formen gobierno junto a socialdemócratas y verdes. (...)

Recordemos que la idea del comunismo se remonta, en la historia del pensamiento occidental, al menos hasta Platón. La abolición de la propiedad privada y la búsqueda de algún tipo de sociedad igualitaria, que emancipe a los seres humanos de toda dominación y necesidad, seguramente no pueda desaparecer jamás. Es una esperanza de orden cuasirreligioso, sólo que llamada a realizarse en este mundo. Al tiempo, sin embargo, a medida que las sociedades se hacen más complejas, el comunismo es cada vez menos realizable: lo que podía llevarse a término en comunidades pequeñas y aisladas no puede ya constituir el modo organizativo de sociedades hiperconectadas e hiperpobladas, donde la individualización y la libertad son consideradas parte de la buena vida. Si el siglo XX deja a este respecto una lección, es que el comunismo no puede instaurarse sin un alto grado de coerción estatal. Por eso, en el escenario poscrisis, quizá sería más apropiado decir que ha aumentado la demanda de una mayor justicia social (definamos como definamos ese resbaladizo concepto), pero no el deseo del comunismo: la palabra misma se encuentra todavía emocionalmente contaminada. Más aún, ¿quieren los jóvenes una revolución comunista o poder comprarse un iPhone? Si una queja se oye con frecuencia, es la de que no viviremos mejor que nuestros padres: es la promesa material de la democracia liberal la que se tiene por traicionada. (...)

...la idea de que la clase obrera es revolucionaria se ha revelado como un espejismo: lo que un Homer Simpson quiere es conservar lo que tiene, en lugar de arriesgarlo. Siempre y cuando, claro, su condición mejore en lugar de empeorar. En otro orden de cosas, los intentos por reformular la noción de proletariado alrededor de un nuevo precariado no han acabado de cuajar, en la medida al menos en que otros clivajes (jóvenes/mayores, campo/ciudad, cosmopolitas/nacionalistas) parecen tener más éxito a la hora de articular la imaginación política contemporánea.

La principal razón es que la política de clase social ha sido reemplazada por la política de la identidad. Nativismo, populismo y nacionalismo compiten en el terreno de la identidad y la cultura, definiendo de manera exitosa un nosotros que combina el sentido local de pertenencia con una posición anti-establishment. La izquierda radical es hoy políticamente correcta, se inclina a dar la bienvenida a los inmigrantes, es protectora de las minorías, además de feminista y ecologista: valores que un trabajador industrial blanco no comparte necesariamente. Cuando los populistas de derecha hablan de los problemas de los votantes con menores ingresos, éstos se sienten interpelados y reconocidos.
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Crónica del final de la Unión Soviética 
José M. Faraldo sobre el libro de Hélène Carrère D’Encausse 'Seis años que cambiaron el mundo'


La autora describe hábilmente el proceso de la elección de Gorbachov como secretario general del Partido Comunista como una sucesión de oportunidades aprovechadas y de felices casualidades: las rapidísimas y sucesivas muertes de los gerontócratas impulsaron la necesidad de escoger a alguien más joven; Gorbachov no era temido por los más conservadores –entre otras cosas, porque apenas se lo conocía– y él mismo supo ganarse el apoyo de algunos pesos fuertes del partido, como Andréi Gromyko, ministro de Asuntos Exteriores, que, entendiendo que su edad lo dejaba al margen, dio su beneplácito al candidato.

Gorbachov, que contaba con cincuenta y cuatro años por entonces, traía con él un cambio generacional clave. Carrère D’Encausse habla de un «estilo Gorbachov»: no sólo porque fuera un gobernante «que no avergonzaba» a su país, como manifestó el famoso disidente Andréi Sájarov (p. 34), sino también porque era un hombre educado, que hablaba sin la jeringonza típica de los comunistas soviéticos, que había viajado y que, además, contaba con el importante activo de su mujer, Raisa. La aparición de Raisa junto con Gorbachov en todos los aspectos de su vida pública –algo nunca visto en los anteriores jerarcas– permitía conectar a buena parte de las sufridas mujeres soviéticas con una vida más allá del trabajo incansable, las colas interminables, el cuidado del hogar y la espera del marido beodo que no llega nunca. La pareja Gorbachov representaba un síntoma de modernización y de apertura hacia la mujer en un mundo político extraordinariamente cerrado y masculinizado.

En forma algo atípica dentro de las síntesis actuales de historia de la Rusia contemporánea, enormemente hostiles al personaje, Carrère D’Encausse realiza también una valoración muy justa y atinada de la otra gran figura del momento, Borís Yeltsin. Más allá de los tópicos centrados en su alcoholismo y de la responsabilidad que hoy día se le achaca en Rusia por haber alentado el capitalismo salvaje y brutal de los años noventa, la autora analiza su compleja personalidad y su papel en el desmantelamiento del sistema soviético. Y le reconoce, de un modo que recuerda y retrotrae a las emociones de aquel momento, su papel como hombre del pueblo, su cercanía populista a obreros y campesinos, su carácter radicalmente democrático y revolucionario. En la obra que estamos comentando se percibe a ese político sin miedo que en agosto de 1991 se sube a un tanque frente a la Casa Blanca moscovita y arenga a los ciudadanos para denunciar «el carácter ilegal del golpe de Estado de derechas, reaccionario y anticonstitucional» (p. 226).
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La última utopía, instrucciones de uso
'An American Utopia. Dual Power and the Universal Army' | Fredric Jameson

Jameson arranca su reflexión señalando que ninguna de las vías tradicionales para la política de izquierda posee ya credibilidad alguna: tanto el reformismo socialdemócrata como la revolución tradicional son vías muertas en el camino a la sociedad poscapitalista. Hay, en cambio, un tercer tipo de transición menos reconocida, pero más prometedora, que constituirá el núcleo de su programa político y conducirá a su propuesta utópica: el poder dual. Teorizado por Lenin, el poder dual se dará allí donde una organización política provea de servicios a una comunidad ignorada por el gobierno central, de manera que el poder se desplace gradualmente de uno a otro, hasta que ese poder alternativo se convierta en gobierno de facto sin necesidad de desafiar abiertamente a la estructura legal vigente. Son ejemplos de esta práctica los Panteras Negras y Hamas, pero no Chiapas (donde los zapatistas ocuparon un territorio espacialmente separado del poder estatal) ni insurrecciones explícitas como la Primavera Árabe u Occupy Wall Street. Si este razonamiento resulta familiar al lector español, se debe a que Pablo Iglesias hizo hace unos meses la defensa de los «contrapoderes sociales» que trabajan al margen de lo que disponga un parlamento donde «todo el pescado está vendido y todas las cartas están repartidas», invocando precisamente el ejemplo de los Panteras Negras como proveedores de servicios comunitarios en la Norteamérica de los años sesenta. (...)

¿Desde dónde proyectar ese poder dual llamado a absorber, andando el tiempo, el poder del Estado? Jameson descarta sucesivamente a los sindicatos (dado que entramos en una era de desempleo estructural masivo y el mercado «gris» domina la oferta de empleo), al servicio postal nacional (debilitado institucionalmente, pese a que llegó a cumplir funciones de caja de ahorros en algunos países), así como a las Iglesias (que entiende ligadas a una religión que ningún marxista puede defender, pero a la que concede cierto crédito como fetiche cohesionador en determinados momentos históricos). Nuestro autor se decanta, en cambio, por un candidato improbable: el ejército. Y no por razones utópicas, subraya, sino de orden práctico. (...)

Si las sociedades liberal-capitalistas son contempladas −en un mashup de Marx con Foucault− como órdenes injustos y desiguales donde las libertades individuales carecen de contenido real a causa del control social de la subjetividad individual, la utopía estadounidense de Jameson no tendrá mal aspecto. Pero si se arroja sobre nuestra realidad social una mirada más templada y se comparan los datos disponibles −sobre renta per cápita, pobreza, asistencia sanitaria, desigualdad entre regiones y países, acceso a bienes básicos, posición social de la mujer o tolerancia hacia formas de vida alternativas− con los de hace cincuenta o cien años en las propias sociedades liberales, no digamos en las comunistas, el veredicto no puede ser tan negativo.

Desde luego que no vivimos en el mejor de los mundos posibles, pero quizá sí en el mejor de los que han existido hasta el momento: esto es poco, pero es algo. Y a la vista de la experiencia histórica, no puede proclamarse tan alegremente que una sociedad comunista mejorará a las sociedades liberales: no se encuentran pruebas de esta afirmación por ninguna parte. Sin duda, el impulso utópico es comprensible, porque la utopía acaso exprese eso tan humano que es la frustración: frustración, a la vista del sufrimiento y las privaciones de tantos, por que las cosas no puedan ser de otra manera. Pero es que hoy, tras siglos de experimentación económica e institucional, sabemos que algunas cosas no pueden ser de otra manera o no pueden serlo inmediatamente; lo que, claro, nos frustra aún más.

Nada de esto quiere decir que no sea legítimo presentar eso que Žižek ha descrito como el problema del bien común, ni que el comunismo sea una idea que deba ser excluida del debate teórico y público. Tampoco que las utopías, entendidas como maniobras de extrañamiento respecto del presente, hayan dejado de ser útiles. Pero no puede ocultarse que el pensamiento anticapitalista atraviesa una notable crisis de credibilidad cuya causa mayor es la ausencia de una alternativa sistémica al capitalismo liberal. Hay críticas y objeciones, así como propuestas de reforma parcial; pero no una idea de sociedad a la vez radicalmente diferente y políticamente viable. Esto puede explicarse por el propio dinamismo del sistema capitalista, por el éxito institucional de la socialdemocracia, por la velocidad del cambio tecnológico, por el fracaso de la alternativa comunista en el siglo XX o por el disfrute (alienante o no) que experimentan los individuos en el capitalismo de consumo. El hecho es que casi treinta años después de que Fukuyama proclamase el fin de la historia, la izquierda marxista no tiene ningún modelo viable que oponer a las sociedades abiertas que combinan democracia representativa, libre mercado y asistencialismo estatal: sólo una enmienda a la totalidad de gran sofisticación teórica y escaso impacto social. Y es éste un vacío que la utopía estadounidense de Jameson, con su militarización universal y su agencia de colocación psicoanalítica, viene involuntariamente a confirmar.
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dimarts, 18 de juliol de 2017

Los soberanista-leninistas toman el poder en Cataluña




De fet el diàleg utòpic s’ha tornat una característica del Procés, guiat per una sèrie d’individus que han llegit molt poca Història de Catalunya i just per aquest motiu la repeteixen seguint els esquemes de Karl Marx. Primer com a comèdia, després com a farsa. Llegint Barcelone Mémoire et identité, 1830-1930, d’Stéphane Michonneau m’admiro amb la seva descripció de la primera jugada estratègica del Catalanisme de la Lliga Regionalista: sacralitzar al Doctor Robert i a Jacint Verdaguer com a homes providencials mitjançant monuments. Quina és la rèplica actual? L’independentisme, sense arguments per l’endemà de la gran victòria, només amb el soroll de qui va endavant endavant sense idea i sense plan que diría Peius Gener, és una qüestió de fe.

Hasta la semana pasada, el procés era un paripé. Un paripé que ha durado cinco años. Ahora, ha pasado de ser una comedia a ser una farsa, como muy bien dice Jordi Coromines en la cita que encabeza esta entrada. En la comedia, la risa suele ser más o menos reflexiva, pero en la farsa es siempre impulsiva e irracional.

En pocas palabras: los leninistas han tomado las riendas del procés. No los marxista-leninistas, que en paz descansen, sino los soberanista-leninistas. Los kamikazes de la independencia. Con esta nueva banda de fanáticos que nadie ha elegido, tan henchidos de épica como vacíos de razón, es posible cualquier cosa, ya sea el ridículo o la tragedia. Sin embargo, apuesto por el melodrama.

Cuando delincan, su humillación no será ser detenidos como lo fue, por ejemplo, Rodrigo Rato, aunque a algunos les gustaría. No. Su humillación será ser tratados burocráticamente como simples delincuentes que abusaron de su poder.

En una democracia no hay presos políticos, pero ello no quiere decir que no haya políticos presos. Presos por delitos de corrupción económica, pero también por delitos de corrupción política, que consisten en robarle a los ciudadanos no ya su dinero sino su ciudadanía.






dijous, 13 de juliol de 2017

Si tan seguros dicen estar de la legalidad de su ley de transitoriedad jurídica ¿de qué tienen miedo?




Carta de un ex conseller

Desde el ataque de sinceridad que terminó costándole el cargo al Conseller Baiget, sabemos que los miembros del Gobierno y algunos altos cargos de la Administración catalana sufren por sus patrimonios particulares. Un sufrimiento que, al parecer, se lleva en silencio y que se fundamenta en las reiteradas advertencias que tanto el Gobierno central, como la Fiscalía o el Tribunal de Cuentas, hacen a cada paso del anunciado Referéndum del próximo 1-O.

El miedo es legítimo, se han apresurado a decir públicamente diferentes miembros del Gobierno y del PDCAT, sin darse cuenta de la profunda contradicción en la que caían haciendo esta afirmación. Si los Consejeros y, por extensión, los altos cargos implicados confiaran de verdad en la ley llamada de transitoriedad jurídica que el soberanismo impulsando desde desde el Parlamento (o desde el Teatro Nacional), no deberían temer por sus patrimonios. Cuesta creer que el legislador, a la hora de proveer seguridad jurídica, se haya olvidado de los honorables miembros del Gobierno, ¿no? Así las cosas, nace una pregunta inquietante: ¿qué tipo de seguridad jurídica aporta la ley llamada de Transitoriedad al Proceso, cuando los mismos miembros del Gobierno no se consideran suficientemente amparados? O, peor aún: a la vista del escaqueo de medio Consejo Ejecutivo en todo lo que hace referencia a los preparativos del 1-O, ¿como pretende el Gobierno que los funcionarios se crean que esta ley los ampara y protege?

Cuando los miembros del Consejo Ejecutivo expresan sus miedos, conscientemente o no, están señalando con total nitidez que la legalidad que proporciona verdadera seguridad jurídica es la que se enmarca dentro del ordenamiento jurídico Constitucional al ser esta la única legalidad posible.

A estas alturas del Proceso, todo apunta a que estamos ante una monumental tomadura de pelo y de un irresponsable ejercicio de improvisación. En el capítulo de las contradicciones, si bien en un ámbito muy diferente, estos días hemos asistido a la celebración de una fructífera Junta de Seguridad de Cataluña para la que hay que felicitar al Gobierno. Estaría bien, sin embargo, que alguien nos explicara porque nuestro Gobierno, que dice querer irse de España, vincula más estrechamente nuestra Policía a los organismos estatales. A veces, los misterios del Proceso son inescrutables.

Este artículo (original en catalán, aquí) ha sido enviado a e-noticies por un ex consejero de la Generalitat que prefiere mantener el anonimato. Traducido por @CatalanAnalyst








El Gobierno catalán al borde de la implosión

La organización del referéndum del 1 de octubre ha colocado al Govern de Catalunya al borde de la implosión. La tragedia se viene mascando desde hace algunas semanas. Algunos miembros del PDECat en el Ejecutivo catalán están dispuestos a que el 1-O acabe con su carrera política, pero no a que se lleve por delante su patrimonio y, por tanto, el de sus familias. Y ello, para colmo, sin haber participado directamente de las decisiones y con la sensación de que el balance de daños en el flanco de ERC es mínimo. El ambiente en el seno del Govern es asfixiante: suspicacias entre compañeros de gabinete, temores expresados a medias por miedo al apelativo de traición y sospechas de escuchas telefónicas que llegan a la paranoia aunque quizá tengan alguna base real.
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Las direcciones de los partidos políticos catalanes trabajan ya en la preparación de la campaña para las elecciones que se convocarán después del reconocimiento público del fracaso del referéndum y que se celebrarán, muy probablemente, durante el primer trimestre del próximo año.




La autoafirmación de la UB como Universidad del régimen

TERESA FREIXES.- ¿Está tan falta de principios nuestra universidad, que necesita, parafraseando a Heidegger, autoafirmarse como universidad del régimen? No le basta con buscar la excelencia científica, con intentar ser puntera en docencia e investigación, con tener los mejores proyectos y convenios, no. No le basta. Necesita autoafirmarse, en el mejor sentido del concepto, como universidad que está en la línea política del régimen secesionista.

Ayer lo ha hecho la de Barcelona, mediante una votación en el Consell de Govern, que ha originado que el voto de 24 personas a favor del ‘Pacte Nacional pel Referéndum’ esté condicionando la posición de más de 60.000 en relación con la realización de un referéndum declarado contrario a la Constitución por el propio Tribunal Constitucional. Cierto que la victoria ha sido pírrica, porque 17 de los miembros presentes no se han adherido al mismo y, conociendo el ‘ambiente’ de estos conciliábulos, tengan Vds. por seguro que se trata de votos del mayor valor resistente. Lo cual no es de menor importancia.

Lo hicieron en semanas anteriores la de Girona, la Rovira i Virgili y la Pompeu Fabra (que yo recuerde), también muy doctas ellas en adhesiones. Y siempre con la misma táctica: decide el Consell de Govern u órgano similar, que ahí es mucho más fácil de contar con los adeptos a los que previamente ya se han preocupado de situar. Es muy fácil, realmente, tener mayoría de votos en un Consell que representa, mediante un sistema que combina la ‘digitalidad’ con la ‘representatividad’, a decenas de miles de personas. Hoy el voto secesionista no ha llegado, por uno, ay!, a la mayoría absoluta de los 50 miembros que componen el Consell de la UB, pero como se decide por mayoría de los presentes… Así, con estos órganos universitarios, se puede llegar a declarar, si conviene, la posesión de la inmortalidad, e incluso creérsela, puestos a hacer actos de fe.
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dimarts, 11 de juliol de 2017

La incomprensible e imperdonable decisión de Carmena

En aquél entonces, los antifranquistas de izquierdas no estábamos de acuerdo con la violencia de ETA, pero no por ello considerábamos a la banda terrorista vasca como un enemigo. Sí, eran unos exaltados que se pasaban de rosca, pero eran de los nuestros. ¿Cómo no iban a ser de los buenos si luchaban contra la dictadura de Franco?

Toda esa hipocresía moral empezó a cambiar cuando la banda siguió, o más exactamente, alcanzó su cenit mortal en la democracia. Cuando se vió que con sus atentados ETA no sólo ponía en peligro la recién nacida libertad política sino que nos mataba a 'nosotros' también.

A veces pienso que si la banda terrorista no hubiese asesinado nunca a un socialdemócrata, es muy posible que la equidistancia moral se hubiera mantenido y reforzado en toda la izquierda, como pasa ahora tras abandonar ETA la lucha armada. Por suerte, Felipe González optó por la política de mano dura. Tanto, que hasta se le fue la mano.

Sin embargo, la izquierda radical, extraparlamentaria o ubicada en la periferia institucional, al pairo de los atentados, mantuvo esa doble moral respecto a la violencia etarra. Es la doble moral que muestran hoy sin tapujos los electos de Podemos. Y lo que es más grave, la que luce la mismísima Manuela Carmena, que vivió en su propia carne el zarpazo del terror.

Manuela Carmena, entre Cristina Almeida y Antonio Pedrol, en el despacho masacrado de Atocha

El 24 de enero de 1977, unos pistoleros de extrema derecha mataron a balazos en el despacho de abogados laboralistas del número 55 de la calle de Atocha a los letrados Enrique Valdelvira, Javier Sauquillo y Luis Javier Benavides, además de al estudiante Serafín Holgado y al administrativo Ángel Rodríguez. Todos ellos se encontraban en las dependencias en las que habitualmente trabajaba Carmena, que evitó el atentado gracias a un cambio de agenda.

Los laboralistas caídos en Atocha no fueron ni los primeros ni los únicos muertos por la dictadura. Fueron los últimos. Pero fueron un símbolo. ¿O tampoco lo cree Carmena? Un símbolo no solo por la brutalidad de su muerte, sino porque con ellos se produjo un antes y un después que hizo irreversible la transición a la democracia.

De la misma manera, el asesinato de Miguel Ángel Blanco devino un símbolo. Y lo es, como las víctimas de Atocha, por la especial atrocidad de su muerte y porque marcó un antes y un después en el rechazo y la lucha contra ETA. El edil popular de Ermua desencadenó la mayor respuesta cívica contra la banda terrorista que se haya producido nunca.

Cientos de miles de españoles salieron a la calle por Miguel Ángel Blanco y contra ETA

Por eso, Carmena, tu decisión -rechazar el homenaje a Miguel Ángel Blanco porque eso 'sería destacar a una sola víctima'- resulta, a pesar de tu conato de rectificación, tan incomprensible como imperdonable.







dijous, 6 de juliol de 2017

Los bolcheviques del soberanismo celebrarán el centenario del golpe de Lenin con otro golpe al que llaman referéndum





Todos los nostálgicos que no pudieron hacer la revolución a la muerte de Franco, tienen ahora una segunda oportunidad. El 1 de octubre, mes en el que se cumplen 100 años de ese famoso golpe de Estado llamado Revolución Rusa, tendrán la ocasión de volver a intentarlo. Como en Rusia, parece una revolución pero es un golpe. El primer golpe de estado que se anuncia con fecha y hora para que no lo parezca.

Encabezados por el camarada Puigdemont se levantarán contra la democracia burguesa española, esa 'fake' democracia que tanto dicen sufrir desde 1978, para destruirla en nombre del pueblo catalán. Hubiese sido mejor en nombre del proletariado, pero -¡qué le vamos a hacer!- no van a meterse ahora en disquisiciones metafísicas sobre el sujeto revolucionario.

Tienen la oportunidad de hacer una revolución antes de morirse y la van a aprovechar. Aunque no sea de izquierdas. Al fin y al cabo, un nutrido grupo de cuadros del PSUC cambiaron la clase por la tribu y ocuparon, en su momento, puestos clave en la Generalitat de Jordi Pujol, incluso en la CDC, ahora conocida como PDECat.

Puigdemont milita en ese partido de centro derecha que ya no es ni derecha, ni centro, ni nada. Puigdemont es el tonto útil de ERC y de la CUP. Pero el nen quiere pasar a la historia. Cada noche se sueña como primer presidente de la Cataluña independiente, aunque a veces le despierte la pesadilla de Lluís Companys. Más que el albacea de Artur Mas, Puigdemont es su Frankenstein. Y eso es un peligro para todos, incluído su partido. El único peligro real de esta farsa llamada 'procés' y 'referéndum de autodeterminación'.

Los convergentes se han limitado a tensar la cuerda para ver lo que caía, aunque solo sea para seguir un día más en el poder. Lo han hecho durante 30 años. Pero la mayoría de ellos no quieren ni ir a la cárcel ni jugarse su patrimonio. Como Baiget, que hizo esas declaraciones para que lo cesaran y quitarse el problema de encima. A la hora de la verdad, la derecha titubea y se arruga y sospechais que acabará, una vez más, traicionando la 'voluntad popular'.

Afortunadamente, al igual que los viejos rockeros, los viejos revolucionarios de todos los partidos seguís vivos para hacer, de una vez por todas, la puñetera revolución. La que sea. La que toque. Por enésima vez. Inasequibles al desaliento. De revolución en revolución, de victoria en victoria, hasta la derrota final.




dimecres, 5 de juliol de 2017

Primeros comentarios jurídicos al proyecto de Ley de Referéndum de Autodeterminación de Cataluña






Texto íntegro del documento, elaborado por la Asociación de juristas catalanes 'Llibertats'



No se pierdan este artículo del profesor Joan Botella



Onanismo independentista





La Ley del referéndum prevé la independencia inmediata si gana el sí, en un plazo máximo de 48 horas

La ley del referéndum no prevé una participación mínima para que sea vinculante 

Los cargos de las mesas electorales del referéndum serán obligatorios

Habrá observadores internacionales acreditados 

El censo lo elabora el Govern y lo validará un nuevo organismo llamado Sindicatura Electoral de Catalunya

El Gobierno pondrá todos los medios materiales y humanos para celebrar el referéndum

***
Texto íntegro de la Ley del Referéndum de Autodeterminación de Cataluña




***


"¿Ustedes son conscientes que llevan Cataluña al desastre?"

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Y por el onanismo no se preocupen. No solo no es malo para la salud sino que es buenísimo para evitar el cáncer de próstata. Y no lo digo yo, lo dicen los chicos de Harvard




dilluns, 3 de juliol de 2017

La abdicación de Felipe VI




(...)Juan Carlos I refunda la monarquía española. Y lo hace, queridos populistas, sobre valores republicanos. Sábete, Pablo, que un hombre no es más que otro si no hace más que otro. Y a partir de esa irreductible igualdad, todo lo demás. La libertad del ciudadano frente a cualquier imposición ideológica, identitaria o moral. La fraternidad como contrapunto luminoso de la guerra civil y como apoteosis -coronación- de la historia olvidada de las reconciliaciones españolas. Y, por supuesto, la ley, síntesis y garantía de la república. Todos los españoles, de las Alpujarras a Blanes, tienen hoy el derecho a decidir lo que afecta a su vida en común, literalmente hasta sus fronteras. Eso fue la reforma política de Juan Carlos I, Adolfo Suárez y Torcuato Fernández-Miranda. Este es el legado mayúsculo de la Transición y el valor diferencial de la Constitución de 1978. Esta es la razón, primera y última, para la defensa de la monarquía.

«¡¿La monarquía como garantía de igualdad?!». Los sobrinos de Maduro y tataranietos de Robespierre son gente torcida. Y primitiva y sorda. Así que habrá que repetirlo. La Constitución admite dos anacronismos: los derechos históricos de las comunidades autónomas y la monarquía. La diferencia es que uno se ha convertido en causa y síntoma de la epidemia segregacionista, y el otro en metáfora y garante del acuerdo civil. La corona no ha buscado nunca desbordar la función simbólica que le otorga la Constitución ni ha traicionado la letra o el espíritu de la Transición. El nacionalismo no ha hecho otra cosa. De forma empecinada, corrupta, ha convertido los derechos históricos que la Constitución reconoce a sus comunidades autónomas en pretexto y arma para la discriminación. Y lo ha hecho -lo hace- con el aliento fétido del populismo de izquierdas.

Iglesias, Junqueras, Garzón, Rufián, Colau... se proclaman republicanos. Son lo contrario. Anteponen la alucinación nacionalista a la moderna libertad individual. Prefieren el enfrentamiento a la fraternidad, entre contemporáneos y entre generaciones. Justifican los privilegios fiscales y exigen su ampliación. Promueven la división de los españoles en clases: una nobleza catalana, un vulgo manchego; una casta vasca, una plebe extremeña... Dinamarca y el Magreb. Aceptan, incluso exigen, que una parte del pueblo decida por el todo. Es decir, que unos españoles valgan más que otros. El populismo español es antimonárquico porque es radicalmente antirrepublicano. El sistema es la república. Ellos, la reacción.

Y de ahí nuestro estupor. La exclusión de don Juan Carlos del homenaje a la Transición es más que un desaire personal. Es una ocasión perdida para rehabilitar al último protagonista vivo de la más conmovedora hazaña política española. Y al capitán general de la noche febril del 23-F. Y, por cierto, al hombre que, harto de la agresiva verborrea populista antiespañola, mandó callar al padrino de Pablo Iglesias. Pero sobre todo es una concesión inútil a los falsos republicanos. A los que confunden el hombre con la institución para socavar, más que la institución, su suelo democrático: la voluntad soberana de los españoles, que en 1978 aprobaron -libres, iguales y fraternos- la monarquía parlamentaria como forma política del Estado.

Hay, además, en el destierro del rey viejo un efluvio pueril, impropio de un rey joven con una tendencia saludable a la gravedad. La monarquía es como la Transición: no puede reivindicarse de forma selectiva, parcial, a pedacitos. Unos querrían borrar de la foto a Santiago Carrillo. Otros a Manuel Fraga. Es un juego autodestructivo. La eficacia de la Transición -y no sólo su grandeza- deriva precisamente de su absorción de la complejidad. El pasado imperfecto de sus protagonistas se asumió e integró por responsabilidad con el presente y el futuro de los españoles. Y así, con todo, deberá asumirse e integrarse el pasado imperfecto del emérito.(...) 
CAYETANA ÁLVAREZ DE TOLEDO



Ministro Baiget: 'No habrá referéndum. Aguantaría ir a la cárcel, pero no si van contra mi patrimonio'



El consejero de Empresa y Conocimiento del gobierno catalán, Jordi Baiget, en una entrevista en el diario independentista El Punt-Avui, afirma que "el Estado tiene tanta fuerza que probablemente no podremos hacer el referéndum". "¿Se aprobará una norma legal catalana para que se pueda hacer? Sí. Pero en el minuto 1 vendrá la suspensión. Irán tanto en contra que quizás tendremos que hacer algo diferente, y algo diferente se puede asemejar a un 9-N".

"Por eso cuando desterramos el 9-N, cuando decimos que ahora no haremos un 9-N, a mí estas declaraciones no me gustan, nos cierran puertas ...". "Lo único que hará que si hacemos un 9-N no sea un 9-N (no es ningún juego de palabras) es que en vez de dos millones vayan a votar cuatro millones de personas".

"¿Ir a prisión? Yo podría aguantar tener que ir a prisión, pero no si van contra el patrimonio; pensemos en la familia ... nuestras decisiones pueden afectar nuestras familias ... ". "Una parte del gobierno no estamos en el núcleo duro de las decisiones, y esto ... esto genera lo que genera ... A mí, y en otros, se nos consulta la estrategia de lo que tenemos que hacer? No. Y en función de la estrategia que se decida, quienes no estamos en el núcleo duro de las decisiones tendremos que tomar alguna con muy poco tiempo sobre cosas que no habremos podido madurar. Y eso, eso ...".

Las declaraciones de Baiget están arrasando en las redes sociales. Hay para todos los gustos. Reproduzco, traducida del catalán, la siguiente reacción por su gran ironía:

CAOS TOTAL EN EL PROCESISMO

Que no se podía hacer el referéndum ya lo sabíamos al principio, ahora se trata de hacerlo. Cueste lo que cueste y caiga quien caiga. Espero que al Baiget lo hagan dimitir esta misma tarde. Este personaje no se ha creído que habría un referéndum. Nos va a entregar.

A estas alturas hay gente decidida, con mala leche y valiente como nuestro Presidente Puigdemont. Momento histórico que pondrá a cada uno en su sitio.

Qué asco de cobardes.

¿Cagado? Pues a la mierda.

Una gran deslealtad y una traición al gobierno y al proceso. ¡Debería largarse ya!

Este, antes de empezar ya se ha rendido! ¿Qué habrías hecho en 1714, largarte el primer día del asedio borbónico? Aquí no te estás jugando la vida como los miles de catalanes en 1714. Esto en casa se llama COBARDÍA!




Borrador de la ley de referéndum de autodeterminación



Como se desprende de su lectura, se trata simple y puramente de una impostura legal para convencer a todos aquellos funcionarios y empresas que en algún momento participen directa o indirectamente en el referéndum que no están cometiendo ninguna ilegalidad.