divendres, 25 d’agost del 2017

Las razones por las que alguien debería dimitir por los errores políticos y policiales en el 17-A y no lo hará




Si algo parece claro una semana después de los atentados del 17-A son los graves errores cometidos previamente por el cuerpo de los Mossos d'Esquadra. Errores graves que, de no haberse producido, tal vez hubieran evitado o paliado la masacre. Errores que quedaron ocultos inicialmente por la profesionalidad, la entrega e incluso el heroísmo, de los agentes desplegados para capturar a los culpables. Errores que ya son evidentes también para la prensa internacional. Incluso para un cargo de la Generalitat que acusa al gobierno español de permitir el atentado para que los Mossos fracasaran. Argumento falaz que tendría su simétrico en los que acusan a los Mossos de dejar actuar a los yihadistas para poder atraparlos rápidamente y ponerse la medalla, apareciendo como la policía de un estado soberano.

Los Mossos se equivocaron de manera incomprensible en la evaluación de la explosión del chalé de Alcanar. Y lo que es peor, no rectificaron a pesar de los datos que iban apareciendo. Sólo lo hicieron cuando ya no fue posible negarlo, al encontrar en la furgoneta de los terroristas pruebas inequívocas que los vinculaban con la explosión de Alcanar.

Los Mossos se negaron a recibir la ayuda de los Tedax tras la primera explosión. No supieron valorar, en su primera inspección ocular, la documentación del imán de Ripoll que hallaron en los escombros junto a un manuscrito en árabe con referencias a 'soldados del EI'. Ningunearon a la jueza Sonia Nuez espetándole un 'Señoría, no exagere' cuando los advirtió de que los hechos apuntaban a un atentado yihadista y no a un simple trapicheo de drogadictos. Y no solo eso, los Mossos tuvieron delante de las narices en Alcanar sin verlo el coche de Houssaine, lo que le dio 24 horas para atentar en Cambrils. Pero aún hay más. No les quitó el sueño encontrar páginas del Corán entre los escombros, como tampoco se lo había quitado meses antes el aviso directo de la policía belga sobre el imán de Ripoll. Aviso del que hicieron caso omiso ya que no abrieron ninguna investigación sobre el mismo.

Esa manera autista de actuar de la dirección de los Mossos tiene bastante que ver con el proceso de transformación del cuerpo policial en 'estructura de estado' de la Generalitat. Proceso en el que la comunicación entre cuerpos policiales ha sido cada vez menos fluida llegando a ser, en muchos casos, inexistente. Que eso es cierto lo atestiguan muchas fuentes, entre ellas la mayoría de sindicatos de policía, aunque la Generalitat y un sindicato de los Mossos lo desmientan.

Sin embargo, que los Mossos retienen o no comparten toda la información de que disponen es algo que ha dicho incluso el mismo Major de los Mossos, Josep Lluís Trapero. En una entrevista realizada por Josep Cuní en 8tv el pasado mes de abril, a Trapero se le escapó decir que ya conocía la existencia de una amenaza en la estación de Sants cuando el Estado se la notificó. Seguramente lo dijo para demostrar a los telespectadores la competencia del cuerpo que dirige sin reparar que también estaba reconociendo que disponía de información que no había comunicado al Estado. De no ser así ¿por qué el Estado había de comunicar a los Mossos algo sobre lo que estos ya le habían informado previamente?



Vale la pena revisar atentamente esa entrevista porque da muchas claves para entender lo que ha pasado. En ella, Trapero hace algunas afirmaciones que muestran la autocomplacencia y el irresponsable sentido de invulnerabilidad que embriaga a gran parte de la sociedad catalana, emanada de la 'moralidad política' transversal,  buenista y políticamente correcta, de su necia élite dirigente. Eso lleva a Trapero -como a Colau-  ha afirmar que en Cataluña tenemos una cultura más integradora que en otras partes, lo que ha generado menos radicalismo. Lamentablemente, la célula de Ripoll se ha empeñado en desmentir por completo al jefe de los Mossos al evidenciar, más nítidamente que en otros atentados anteriores en Europa, que el terrorismo yihadista no tiene nada -o casi nada- que ver con la integración. 



En esa entrevista, Trapero afirmó también que el salafismo, del que admite su importancia en Cataluña, está a la baja. Se supone que gracias a esa 'moral' y a la acción del Govern. Tal vez sea cierto que esté a la baja, pero su capacidad para matar ha alcanzado su punto culminante. No se trata ya de supuestos o reales 'lobos solitarios' sino de una auténtica 'célula yihadista' con conexiones internacionales.



Inmerso en ese espejismo institucional de oasis catalán, el primer responsable profesional de los Mossos menosprecia y desdeña la colocación de pilonas o bolardos en los lugares más concurridos y emblemáticos de Barcelona. Según él -igual que Forn y Colau antes de ser forzados a revisar a regañadientes su política de seguridad- las medidas no deben tomarse 'por si acaso' puede pasar algo o por simple 'postureo' seguidista de lo que otros hacen, sino por responsabilidad. Una responsabilidad que dejó libre y expedito el acceso a las Ramblas sin que el aumento, supuesto o real, de vigilancia sirviese para nada. A veces creo que subestiman el riesgo porque están convencidos que todo el mundo nos ama. Lo subestiman tanto que el Govern solo dedica 350.000 euros a la lucha secreta contra el yihadismo frente al millón de 2009.




Alguién ha dicho, y con razón, que si los atentados hubieran ocurrido en Madrid siendo alcaldesa Ana Botella los medios y toda la oposición la hubiesen atacado sin piedad, responsabilizándola políticamente de las muertes y exigiendo su dimisión y su procesamiento. Pero eso solo suele ocurrir cuando el responsable político es del PP. En Cataluña, a pesar de que los graves errores cometidos interrogan profesional y políticamente a altos cargos de los Mossos, del Ayuntamiento de Barcelona y de la Generalitat de Cataluña, nadie pide responsabilidades ni nadie las asume. Como buenos españoles, aquí tampoco nadie dimitirá.









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QUÉ HARÍA SI FUESE UN “ASSASSIN”: AVIÓN, HELICÓPTERO O DRONES SOBRE BARCELONA

¿A qué juegan nuestros políticos? ¿Los que han convocado la concentración de masas para el sábado 26 de agosto por la tarde en Barcelona, han calibrado bien lo que está realmente en juego?

¿El nivel de captación de la realidad política internacional es tan baja que no se han dado cuenta de que los atentados en Cataluña, en Barcelona y Cambrils, no son un juego de unos desarrapados, sino una acción más de una larga y potente cadena? De hecho, Europa, España y Cataluña están en guerra. Y por lo que se ve, algunos dirigentes, o muchos, lo dejan de lado y procuran arrimar el ascua de las masas (los ciudadanos que se acercarán a Barcelona para manifestarse contra el crimen del 17 de agosto) a su sardina política. De hecho ya se han efectuado múltiples muestras ciudadanas de reconocimiento a las víctimas en los días inmediatos a los atentados. ¿Otra más? ¿Otra concentración de multitudes con día y hora prevista? | ANTONI ALBERT
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