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dissabte, 4 de febrer de 2017

La vía golpista a la independencia




Empezaré por el principio. Defender la independencia de Cataluña es legal y legítimo. Y lo es, no en función de si un Estado catalán independiente sería o no viable -que casi con toda seguridad lo sería- si no porque los ciudadanos tienen el derecho a cambiar las estructuras políticas básicas de su Estado por otras que consideren mejores, incluida la creación de un nuevo estado soberano. En eso, creo que estamos todos de acuerdo. O casi.

En el caso del secesionismo catalán, el problema no es tanto el objetivo, el fin, como los medios que se utilizan para alcanzarlo. Y ese es el problema. En un estado democrático de derecho el fin nunca justifica los medios, porque el fin son los medios. Si se quiere la independencia, o cualquier otro objetivo de calado parecido, solo existe un camino: el que marcan las leyes y la Constitución.

No aceptar eso es situarse fuera de la legalidad democrática. Y cualquier intento de violentar esa legalidad por la fuerza -y la fuerza no es solo violencia física- es un delito, tipificado y penado en nuestras leyes y en las de todos los estados del mundo, Suiza incluida.

Resulta curioso observar el escándalo que provocan, y con razón, los delitos de corrupción, mientras que los delitos de sedición, alevosía y prevaricación política -léase golpismo- merecen la comprensión, cuando no el aplauso, de tantos ciudadanos e, incluso, de fuerzas políticas consideradas democráticas.

Alcanzar la independencia por los cauces legales y democráticos es, sin duda, muy difícil. Pero más difícil fue la transición de la dictadura a la democracia y se logró. Para ello se requiere lealtad constitucional y firme convicción democrática, no asamblearia o de manifestación callejera. No estamos en una dictadura. Estamos, afortunadamente, en un marco democrático cuyo contrato fue redactado y firmado por los representantes de todas la grandes ideologías políticas, incluidos los nacionalistas catalanes.

Un contrato que solo se puede modificar con el acuerdo de todas las partes. Y eso es largo y complejo. Requiere tiempo para convencer y paciencia democrática para asumir que no siempre se convence. Tiempo y paciencia. Y eso es precisamente lo que no tienen los independentistas, por lo menos Convergència que, si deja de pedalear, se queda definitivamente en la cuneta.

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Sólo dejan de mentir cuando, lisa y llanamente, declaran que lo que buscan es impunidad. Efectivamente, preguntado respecto de si acataría, en su caso, una posible sentencia de inhabilitación, Artur Mas respondió que "dependerá del momento en el que estemos, de la situación jurídica del país". Dada la voluntad de 'desconectar' de España, aparece la consideración de que entonces, si ya se ha producido la declaración de independencia, ya no se aplicaría el derecho español en Cataluña, por lo que tampoco se tendría que acatar ninguna sentencia de ningún tribunal que hubiera dictado su resolución aplicando derecho español.

Recientemente, Artur Mas, ha reiterado estas declaraciones, afirmando que "en algún momento habrá que desobedecer al TC para superar el estatus quo" y que aunque en este proceso se le inhabilitara, con una Cataluña independiente, "bajo el ordenamiento jurídico catalán, cambiaría todo y tendría libertad para presentarme", desvelando así la verdadera naturaleza de sus intenciones .

Es decir, el código penal español no se le aplicaría a Mas, ni a Jordi Pujol padre, ni a Jordi Pujol hijo, ni a Oriol Pujol, ni a Millet ni a ninguno de los casos de corrupción que están sub iudice, ni se podría hacer efectivo el embargo de las 13 sedes que Convergencia Democrática tiene embargadas, ni seguir con los procedimientos judiciales abiertos estos días que se refieren a la presunta financiación ilegal de Convergencia Democrática de Cataluña, etcétera.

¿Es esto lo que buscan?
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... nadie puede dudar de que, por mucho que lo nieguen, Mas y Trias lo saben todo y su vida política no se puede separar de la trama, ni entenderse sin ella. De todos modos, es muy poco probable que ni el ex presidente ni el exalcalde den la cara, y dejarán que otros ardan por ellos, como Francesc Sánchez, un hombre de una integridad irreprochable que ni se ha llevado un solo euro ni se ha aprovechado de nada. Es lo mismo que harán con la independencia, que aun sabiendo que es imposible, mandarán a la infantería a jugarse lo que no tiene repuesto. | SALVADOR SOSTRES

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Artur Mas se esconderá tras las masas independentistas que le arroparán este lunes para no declarar en el TSJC por la causa del 9N. Su objetivo es retrasar el juicio, y no tiene ninguna intención de declarar.

Alentado por la ANC, la entidad soberanista que ya ha registrado a casi 30.000 personas para manifestarse este lunes, Mas quiere una gran imagen para su culto personal, y para todo el movimiento soberanista. La idea es que el juicio a Mas, y también a las ex consejeras Irene Rigau y Joana Ortega, se transforme en una gran operación propagandística.

Para ello, Mas será recibido en la plaza Sant Jaume, en la Generalitat, por el presidente Carles Puigdemont. Y se pretende bajar, a lo largo del Arco de Triunfo del Paseo Sant Joan, hacia la sede del TSJC con las masas independentistas detrás. Lo que busca Mas es que sean esas propias masas las que le impidan declarar, como un héroe herido, aunque él lo tiene decidido de antemano. Otra cosa es si podrá cumplir ese propósito.

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El lunes al sol de Artur Mas y los suyos

...lo verdaderamente escandaloso, además del nulo respeto que demuestran tener por el cumplimiento de la ley, es el desprecio que demuestran tener por una población a la que engañan y de la que se nutren para su supervivencia pública. Porque los dirigentes independentistas de la antigua CDC, hoy PdCat, no creen en realidad que pueden lograr la independencia y consideran el famoso referéndum como un mero instrumento para sobrevivir en la vida política. De hecho Francesc Homs, que fue consejero de Presidencia de la Generalitat y portavoz del gobierno y ahora es diputado de PdCat en el Congreso, ha hecho algunas confesiones en el ámbito privado que ilustran bien los objetivos reales de sus correligionarios. Dice, por ejemplo, Homs que a su partido le interesa aprovechar el clima de rechazo de parte de la población catalana al juicio de Artur Mas, Irene Rigau y Joana Ortega para obtener mejores resultados en el referéndum, razón por la cual están preparando adelantar la convocatoria al mes de mayo. Ésa y no otra es la razón, el aprovechamiento político de un clima emocional. Y no sólo eso sino que en un intento de ablandar la firmeza del Gobierno ante ese desafío al país y a la Constitución, argumenta que ellos van a llegar hasta el final pero que seguramente no acudirá a votar más allá de un millón y medio de personas -a la convocatoria del 9N acudieron más de dos millones- con lo cual los resultados serán claramente insuficientes como para permitir a la Generalitat ir más allá. De ese modo, ellos podrán decir que han cumplido pero que la ciudadanía catalana no les ha secundado en número suficiente. Y acto seguido convocar unas elecciones en las que su partido, por haber contribuido a la “machada” de haber llevado el desafío al Estado español hasta la derrota, estará en condiciones de eludir la catástrofe electoral que todos los sondeos le pronostican.

Por eso he dicho que Artur Mas y los suyos no buscan en realidad la independencia y no tienen el menor interés en ganar ese referéndum imposible sino que lo que buscan es su mera realización. Pretenden sacar rédito de la apariencia pero no desean sus consecuencias. Es más, confían en que, si ellos lograran celebrar la consulta, cosa impensable, pero en la hipótesis de que lo lograran, los catalanes les sirvieran en bandeja la gran excusa para renunciar a la independencia porque no se habría conseguido el porcentaje de síes que pudiera presentarse sin vergüenza ante la comunidad internacional. Y eso con dos ventajas añadidas: una, que la culpa caería sobre los votantes no suficientemente fervorosos, no sobre los dirigentes; y dos, que se podrían entronizar como los héroes defensores de las esencias patrias y recoger la cosecha en forma de votos en las elecciones que se convocarían inmediatamente después.| VICTORIA PREGO