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dimarts, 18 de juliol de 2017

Los soberanista-leninistas toman el poder en Cataluña




De fet el diàleg utòpic s’ha tornat una característica del Procés, guiat per una sèrie d’individus que han llegit molt poca Història de Catalunya i just per aquest motiu la repeteixen seguint els esquemes de Karl Marx. Primer com a comèdia, després com a farsa. Llegint Barcelone Mémoire et identité, 1830-1930, d’Stéphane Michonneau m’admiro amb la seva descripció de la primera jugada estratègica del Catalanisme de la Lliga Regionalista: sacralitzar al Doctor Robert i a Jacint Verdaguer com a homes providencials mitjançant monuments. Quina és la rèplica actual? L’independentisme, sense arguments per l’endemà de la gran victòria, només amb el soroll de qui va endavant endavant sense idea i sense plan que diría Peius Gener, és una qüestió de fe.

Hasta la semana pasada, el procés era un paripé. Un paripé que ha durado cinco años. Ahora, ha pasado de ser una comedia a ser una farsa, como muy bien dice Jordi Coromines en la cita que encabeza esta entrada. En la comedia, la risa suele ser más o menos reflexiva, pero en la farsa es siempre impulsiva e irracional.

En pocas palabras: los leninistas han tomado las riendas del procés. No los marxista-leninistas, que en paz descansen, sino los soberanista-leninistas. Los kamikazes de la independencia. Con esta nueva banda de fanáticos que nadie ha elegido, tan henchidos de épica como vacíos de razón, es posible cualquier cosa, ya sea el ridículo o la tragedia. Sin embargo, apuesto por el melodrama.

Cuando delincan, su humillación no será ser detenidos como lo fue, por ejemplo, Rodrigo Rato, aunque a algunos les gustaría. No. Su humillación será ser tratados burocráticamente como simples delincuentes que abusaron de su poder.

En una democracia no hay presos políticos, pero ello no quiere decir que no haya políticos presos. Presos por delitos de corrupción económica, pero también por delitos de corrupción política, que consisten en robarle a los ciudadanos no ya su dinero sino su ciudadanía.