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dijous, 16 de novembre de 2017

Después de la independencia destruir la economía





Completada la primera fase del desastre catalán nos adentramos en la más decisiva, la destrucción económica.

Dos noticias:

1. "La fuga de empresas de Cataluña no solo se ha limitado a cambiar el domicilio social. 1.000 de esas sociedades también modificaron al mismo tiempo su sede fiscal".

2. "La sociedad de inversión del dueño de la cadena de supermercados Bon Preu, Joan Font, también ha trasladado su domicilio social a Madrid. El empresario formó parte del consejo que asesoró al gobierno de Artur Mas para la transición a la independencia".

¿Por qué los empresarios fieles también abandonan? ¿Por qué continúa la marcha de empresas ahora que parece que el problema ha desaparecido? Porqué el problema no ha desaparecido, ha empeorado. Hasta los 'manteros' del centro de Barcelona ya no venden ni la mitad.


Y ha empeorado porqué el sistema político catalán está escorado hacia los partidos enemigos de la economía libre, por eso las próximas elecciones son irrelevantes porqué con la combinación que sea formará gobierno esta gente, los que han provocado la estampida de empresas de Cataluña y los que desgobiernan Barcelona.

En el resto de España los tres partidos que engloban la gran masa de electores (PP, PSOE, Cs) son económicamente previsibles pero en la España catalana el sistema de partidos, extremadamente fragmentado, está formado en su mayor parte por actores que compiten en irracionalidad económica. Un sistema político anclado entre el supremacismo y la cultura económica del subsidio y la dependencia, conducido por funcionarios y licenciados en filología.

Cualquier inversor ya sabe que tiene enfrente al enemigo. Deep waters my friend.

THE DISCREET ANALYST



Colau: "La Agencia Europea del Medicamento no es del agrado de nuestras bases"
Sus bases son 5.000 personas que deciden por 1.600.000. Esa es su destrucción de la democracia, esa es su destrucción de la economía


dilluns, 6 de novembre de 2017

Mi madre en la manifestación de Societat Civil Catalana


Uno de los ‘éxitos’ más significativos del procés independentista ha sido ver a gente como mi madre en la manifestación de Societat Civil Catalana. A mi madre nunca la verán con un trapo, ni catalán ni español, ni tampoco de cocina. Para ella las banderas siempre han sido “trapos sucios de sangre”, me decía cuando, como cualquier joven con inquietudes políticas, flirtee con el independentismo en mi etapa universitaria.

Este domingo, sin embargo, como tantos otros miles de catalanes, ha decidido ir a Barcelona. Confiesa que nunca, a sus 62 años, pensó que se encontraría rodeada de banderas españolas. Y es que forma parte de esa generación que sufrió la dictadura franquista y el primer contacto con la insignia le produce, inevitablemente, cierto rechazo. Pero hace un esfuerzo. Su inteligencia se impone a los prejuicios: sabe que, digan lo que digan, Franco está muerto, España es una democracia y que Cataluña es libre y próspera como nunca antes.

Habla desde la autoridad moral de quien no solo ha vivido en dictadura, sino de quien, desde el PSUC la ha combatido en los años duros, cuando aún eran pocos los que se atrevían a salir a la calle y la burguesía catalana –los abuelos de muchos de los rebeldes sistémicos de la CUP– ocupaban cargos de gobernadores civiles y hacían negocios con los que hoy consideran sus opresores. Sí, hoy todo el mundo afirma que corrió ante los grises… Pero son menos los que, como ella, se salvaron de ser juzgados por el Tribunal de Orden Público gracias a la Ley de amnistía de 1977.

Como quizás muchos de los que ayer estuvieron en Barcelona, mi madre también ha evolucionado hacia posiciones moderadas, y este domingo ha roto otro tabú: se manifestó junto a banderas rojigualdas. Esta insignia que, ironías de la vida, hoy garantiza nuestros derechos porque no pide una adscripción sentimental. Solo lealtad administrativa. Lo contrario de la estelada, que excluye a quienes no comulgan con su plan. | LAURA FÀBREGAS


My Mother at the Societat Civil Catalana’s Demonstration
Mia madre alla manifestazione della Societat Civil Catalana


Together: el vídeo de Empresaris de Catalunya a favor de la sensatez



diumenge, 5 de novembre de 2017

El noveno círculo y la izquierda caviar


Para entender buena parte, no todo evidentemente, de lo que nos está pasando, sobre todo en relación con la confusión conceptual, interesada o no, que nos rige, creo que tiene su interés referirse al término «izquierda caviar», la “gauche caviar” francesa o “toscana-zosi” suiza, que en Inglaterra es “champagne socialists” y en EE. UU. “radical chic”, conceptos todos que remiten a la idea de contradicción entre postulados expresados y modo de vida. No es, pues, un término o una actitud privatista nuestra, sino que está extendida por todos aquellos sectores, estén donde estén, que quizás no llegaron a tiempo a Mayo del 68 (con sus múltiples variantes) o que, en cualquier otro contexto, no quisieron o supieron afrontar determinadas tomas de posición que hubieran querido adoptar y que, por los motivos que sea, no llegaron o se atrevieron a hacerlo.

Tampoco es un fenómeno novedoso, que hubiera nacido en el siglo XX, aunque hoy es más conocido porque los medios de comunicación ponen a nuestro alcance muchas más cosas que cuando los “correos” iban a caballo de posta en posta superando todo tipo de obstáculos. Sin poder adjetivar como “gauche” o “droite”, pero mostrando las contradicciones de poderosos, “influencers” y demás congéneres, la Historia está llena de episodios poco entendibles si no es desde estos que ahora consideramos modernos parámetros, pero que han sido evidenciados también, desde hace siglos, por el arte o la literatura. Quizás tengamos que recurrir a todo ello para entender porque, en un momento determinado, ahora mismo por ejemplo, quienes para unos son traidores para otros son héroes o para tomar consciencia de las tergiversaciones de conceptos filosóficos o jurídicos que subyacen en determinadas posturas.

Porque no se trata de algo estrictamente novedoso. Dante se pasea con Virgilio en el Noveno Círculo cuando se refiere a los traidores. El Noveno Círculo era el que se situaba en la parte más baja del Infierno, donde residían los peores malhechores. En la primera zona, la Caina, los que traicionaron a sus allegados por atentar contra su confianza; en la segunda, la Antenora, a los traidores a sus conciudadanos, a la patria o instituciones políticas; en la tercera, la Tolomea, a los que habían traicionado a sus huéspedes, que era un grave delito en la tradición de la época; y, en la cuarta, la Judeca, estaban los que traicionaban a los benefactores, a quienes les habían ayudado. Todos ellos estaban sometidos a las peores torturas, más intensas cuanto más se descendía en el Averno.

Me llama la atención que La Divina Comedia considerase como una de las acciones más execrables la traición a la ciudadanía, la patria, las instituciones, en el sentido dantesco, situando a quienes la hubieran realizado (a Judas, Bruto y Casio, además de a Lucifer, el primer gran traidor bíblico, así como diversos personajes mitológicos) en el penúltimo eslabón de la perversidad. Me llama la atención porque compruebo que, ya en aquellos momentos, la ciudadanía, la patria, las instituciones… es decir, el sistema político, merecían un respeto cuya violación podía considerarse como traición. Y esto no lo decía solamente Dante. Desde antiguo (Tito Livio o Cicerón) hasta la modernidad (Maquiavelo, Montesquieu, Rousseau) o los defensores de la paz mundial como Kant o los utópicos… incluso en Kelsen con su visión estatalista y positivista, la patria se ha asimilado al Derecho y las instituciones del país, generándose la idea de un reconocimiento o adhesión cívica a la misma, que no tenía que ser traicionado.

No es que quiera, amparándome en La Divina Comedia, enviar al noveno círculo a todos aquellos que no estén conformes con el orden establecido. Nada más lejos de mi intención. Pero sí que me parece oportuno realizar ciertas reflexiones en torno a su vigencia, sus aportaciones positivas y, también sus desajustes y sus posibilidades de reforma. Para ello, dado que estamos en un país cuyo sistema se inserta entre los de las democracias surgidas en Europa tras la Segunda Guerra Mundial, que está regido por una Constitución que también es heredera en buena parte de las que se adoptaron en la segunda mitad del siglo XX, creo que sería bueno, para entroncar con Dante, examinar el concepto de patriotismo constitucional, que tanto recorrido ha tenido en el constitucionalismo alemán y europeo, aunque no se haya consolidado como institución jurídica normalizada en el nuestro.

De entrada no niego que la utilización del concepto patriotismo constitucional puede generar resistencias. Estamos tan acomplejados en este nuestro país que tanto el sustantivo patriotismo como el adjetivo constitucional, según donde lo utilicemos, constituye la mejor “provocación” para que nos llamen, directamente, “fachas”, fascistas o franquistas. Y, al tercer o cuarto exabrupto, como es prácticamente imposible razonar frente a los improperios, dejamos de utilizarlos. Por eso es importante saber de qué estamos hablando.

Fue Sternberger, jurista y politólogo, quien acuñó el término, en un artículo periodístico que escribió con motivo del 30 aniversario de la Ley Fundamental de Bonn, en 1979. Sternberger creía que el hecho de que Alemania se hubiera dotado, tras la derrota militar del nacionalsocialismo, de una cultura política democrática, fundamentada no en conceptos etnicistas ni la evocación del pasado histórico, sino en los derechos de participación consagrados en la Constitución, que los reconoce y garantiza, tendría que ser un motivo de orgullo no sólo para la generación del momento sino para las futuras generaciones. Ello se inscribió también en un debate entre historiadores, filósofos y otros intelectuales, que encontraban grandes dificultades para reconciliarse con la barbarie del pasado y fue aquí donde Habermas, su gran divulgador, confirió un sentido moral al concepto de patriotismo constitucional, argumentando que el sistema político debía formarse alrededor de una identidad colectiva que se inspirase en la democracia y el respeto a los derechos humanos. Al mismo tiempo, esta estructura de pensamiento permitió que, tras la caída del muro de Berlín, los alemanes de uno y otro lado pudieran considerarse a sí mismos, con la unificación, como “un” pueblo.

Contrariamente a todo tipo de nacionalismo, los integrantes de ese pueblo no se basaban en un sentimiento identitario, sino en un concepto racional que les reconocía el poder elegir ser ciudadanos, no de cualquier país, sino de uno fundamentado en los principios del constitucionalismo democrático y del cual se podía, por ello, estar orgulloso. El Estado democrático constitucional ha sido, desde tal perspectiva, un paradigma con vocación universal. Es significativo, al respecto, el diálogo de Habermas con Ratzinger en la obra “Entre razón y religión. Dialéctica de la secularización”. Y la influencia que el pensamiento de Habermas ha ejercido en la concepción intelectual del proceso de integración europea y en el ámbito de la interpretación jurídica realizada por los Tribunales constitucionales, como paradigma ético vinculante, es también relevante.

Pero aquí, entre nosotros, no hemos, como país, interiorizado adecuadamente esta cultura constitucional. Razones históricas no nos faltan para explicarlo, pero ello no es argumento válido en pleno siglo XXI. En las últimas décadas, no se ha impulsado un sentido de lealtad hacia las instituciones, sino todo lo contrario. Se menosprecia el Estado de Derecho y se pretende imponer lo decidido mediante cualquier procedimiento, aunque no sea el legalmente predeterminado. Se pretenden asegurar los derechos de grupos más o menos cohesionados o numerosos frente a los derechos de las personas, rompiéndose así el principio de dignidad y de libertad de todos y cada uno de los componentes de la ciudadanía. Si hubiéramos interiorizado la ciudadanía constitucional, no se sostendría el nacionalismo excluyente y la razón se impondría a las abundantes patologías políticas que nos circundan, atrincheradas tras los particularismos.

De ahí que, desde esa “izquierda caviar” que también vive, y pontifica, entre nosotros, se está traicionando lo que edificamos, trabajosamente, durante la transición a la democracia. Con un complejo impropio de mentes adultas y conscientes de que nada es perfecto, pero todo es mejorable, estamos vilipendiando el consenso que nos llevó a adoptar una Constitución que ha sido un modelo altamente seguido en Europa (se tuvo como patrón en la elaboración de las Constituciones en muchos países de Europa del Este tras la caída del comunismo) y en América (varias constituciones de la década de los noventa se inspiraron en la española de 1978).

Desde parámetros parecidos, se critican decisiones judiciales simplemente por razones ideológicas, sin que se razone el porqué de la crítica desde los parámetros jurídicos que la sostendrían. Desde posiciones irracionales se arenga a las masas, pretendiendo deslegitimar a las instituciones. Se divide a la sociedad en buenos y malos ciudadanos, según si apoyan emocionalmente el “bien” o el “mal” que se ha preestablecido previamente según si se concuerda o no con determinados objetivos. Se banalizan las conductas punibles porque, a juicio interesado de algunos, nunca cumplen con los indicadores precisos que tendrían que definirlas. Se pretende, en suma, con todas las tergiversaciones posibles, traicionar las garantías de democracia que tanto costó obtener. Y se pretende, también, deslegitimando los procedimientos, impedir que el sistema pueda mejorar, conservando lo que ha sido positivo y reformando lo que precise ser modificado. ¿Iremos a parar al Noveno Círculo? | TERESA FREIXES




divendres, 3 de novembre de 2017

El final del catalanismo político


En esta hora grave, el catalanismo político se enfrenta a una decisión letal: convertirse en un movimiento democrático y constitucional abandonando el supremacismo etnicista. Cambiar en días el sentido de su historia reciente, porque ha sido destruido por un Estado que ha tolerado durante décadas que no se aplicara la ley a la región.

La alcaldesa de Barcelona lo teorizó: "Desobedeceremos las leyes que nos parezcan injustas". Y a través de la educación [y los medios] se forjó un sentimiento de superioridad que ha llevado a miles de escolares a las calles a manifestarse contra el estado de derecho, un hecho insólito en Europa.

El catalanismo político ha sido destruido en su momento de gloria, cuando a través de un golpe de estado querían establecer su dictadura. Han perdido porque al final han conseguido que España, un país respetado, una democracia avanzada, se levante con todas sus instituciones y ya nada será igual. Y hasta el resultado de las elecciones es irrelevante porque esta oligarquía enloquecida tiene enfrente a un estado constitucional que no se va a rendir, a ningún precio.

Han perdido. No va a haber negociación política ni nada de nada. Nada. Solo les queda una cosa: rendirse, llorando, pero rendirse.

[C]

dimecres, 1 de novembre de 2017

La interminable amenaza populista: los comuno-podemitas se preparan para relevar al derrotado nacionalismo secesionista




El constitucionalismo, como concepción política y como modelo de sociedad está atenazado entre el nacionalismo secesionista y el populismo podemita.

El nacionalismo secesionista ha quedado "tocado" y con heridas graves. Su rearme ideológico se los van a prestar los populistas, porque en el fondo, el nacionalismo se confunde con el populismo, no sólo en métodos y tácticas sino en su propia concepción de la sociedad.

De ahí que tengamos que entrar en la "batalla de las ideas" y desenmascarar, levantando el velo que decimos los juristas, la pretensión de otra posible alianza en torno a ERC, que subirá mucho en votos y los "comunes" o podemitas varios. No tendrán suficientes diputados para conseguir una investidura y, para conseguirla, "camelarán" a todo bicho viviente, con especial interés en el PSC.

Si el bloque constitucional no es capaz de plantear estrategias comunes, dirigidas al rearme moral de una sociedad rota, fundamentadas en los valores constitucionales y europeos, la fractura social cambiará de color y de imagen, pero volverá a reproducirse.

Porque, no nos engañemos, los protagonistas esenciales serán quienes quieren "cargarse al régimen del 78". | TERESA FREIXES



El 155 no acaba nunca

Es evidente que en la pura apariencia de las cosas el marco de acción del 155 durará hasta principios del año próximo.

Será el gobierno del Estado el que dé trámite y cuenta del resultado electoral y el que con la mayor naturalidad democrática gestione el traspaso de poderes. El objetivo del 155 es la recuperación de la legalidad estatutaria y ese instante se materializará con la constitución del nuevo parlamento.

Entra dentro de lo probable, aunque ya veremos, que ese parlamento dé una nueva mayoría a los partidos independentistas. Pero esos partidos ya no podrán fijar su estrategia en el acoso revolucionario al Estado democrático, porque como lo demuestra la imposición del 155 y la propia huida a Bruselas de buena parte del gobierno tarado, la vía insurreccional a la independencia ha fracasado.

El separatismo podrá seguir luchando por el arraigo de sus despreciables ideas, pero deberá introducir sensibles cambios en su hoja de ruta. Deberá, por ejemplo, fiar sus objetivos políticos a la consecución en España de una mayoría de gobierno que facilite la convocatoria de un referéndum de autodeterminación.

Pero no parece posible que se empeñe en una nueva maniobra ilegal que llevara de nuevo a reactivar el 155: durante mucho tiempo ese artículo será el subtexto inesquivable de cualquier usurpación separatista.

Es probable que Cataluña esté dividida en dos mitades. Pero hay una que, además de las ideas nobles, tiene de su lado la ley. | ARCADI ESPADA


dilluns, 30 d’octubre de 2017

Cuando una masa de 'charnegos' y 'botiflers' salvó Cataluña del medioevo y la devolvió hacia un futuro de progreso y libertad




No ha sido el pelotón de soldados de Spengler sino una marea de ciudadanos iguales y diversos la que al final ha salido a la calle a 'salvar la civilización'. Una civilización democrática a la que llamamos Constitución.

Decenas de miles de 'charnegos' y 'botiflers', por segunda vez en pocas semanas, ocupamos el centro de Barcelona para intentar salvar Cataluña del medioevo. Para salvarnos de gobiernos maquiavélicos que rompen la legalidad democráticamente consensuada para imponer la suya particular, divisoria y excluyente. Para evitar ser llevados a un feudalismo nacionalista, identitario, etnicista y supremacista, que nos desgaja de España y de Europa y nos condena a la autarquía política, económica y social.

Catalanes, españoles y europeos. Ciudadanos de un proyecto común que apuesta por el progreso y no por el regreso. Que apuesta por la igualdad en libertad de los distintos y no por la creación de nuevas estructuras de poder basadas en la asimilación o la integración identitaria.

Los 'charnegos' y 'botiflers', hombres y mujeres, jóvenes y viejos, de derechas y de izquierdas, ricos y pobres, de la feria de abril y de la Diada de Sant Jordi, de la copla y de Serrat, cazurros y estirats, hemos salido de nuevo a la calle a 'pasearnos a cuerpo y mostrar que, pues vivimos, anunciamos algo nuevo'. Algo tan nuevo y tan viejo como nuestra igualdad en la diversidad y nuestra voluntad de seguir siéndolo.





Textos íntegros de las querellas presentadas por el Fiscal General del Estado contra Puigdemont y Forcadell







dissabte, 28 d’octubre de 2017

La jugada maestra de Rajoy


Las caras de Junqueras, Puigdemont y Forcadell son el más nítido resumen de la jornada histórica de ayer en que proclamaron la República catalana independiente

De la misma manera que hay una izquierda genéticamente anti PP, existe una pequeña derecha, liberal o conservadora, física y metafísicamente anti Rajoy. Unos y otros son la expresión del rechazo urticario que provoca en la pureza ideológica el pragmático eclecticismo de Don Mariano.

Sin embargo, Rajoy ha demostrado ser no solo un corredor de fondo sino tener una envidiable, sorprendente y genial inteligencia política. La manera en que ha jugado la carta del artículo 155 se parece mucho a una obra maestra. Ni Maquiavelo la habría formulado mejor.

Por un lado, Rajoy anuncia simultáneamente la intervención de la autonomía catalana y la convocatoria de elecciones. De esa manera deja sin argumentos a los que, dentro y fuera, le acusan de querer liquidar el autogobierno catalán y pone a los independentistas contra las cuerdas. Si se presentan a las elecciones, mal. Si no se presentan, peor.

¿Cómo justificar que se envainan la proclamada República catalana para participar en unos comicios autonómicos? ¿Cómo justificar ante el mundo y ante sus electores más cuerdos que siguen adelante en su revuelta 'democrática' contra la 'opresión del estado español' cuando ese mismo estado opresor les ofrece la oportunidad de participar en unas elecciones libres, democráticas y con plenas garantías? ¿Querían o no querían votar, votar y votar?

Por otro lado, los independentistas no solo podrán votar en 55 días sino que incluso sus líderes rebeldes podrán presentarse como candidatos, aún que solo sea por el hecho que es muy difícil que la justícia haya podido inhabilitarlos antes del 21-D. ¡Más respeto democrático por los derechos humanos y políticos de los rebeldes, imposible!

¿Eso quiere decir que todos esos aprendices de golpista quedarán impunes? En absoluto. La rueda de la justicia es lenta pero imparable. Y todos ellos, según los delitos que determinen los jueces, se pasaran sus años en la cárcel.

Algunos dirán que lo anterior no resuelve el problema de fondo. Y es cierto. Pero pretender hacerlo a través del artículo 155 no es posible y los jueces no lo permitirían. El 155 no está concebido para rediseñar el poder autonómico sino para restaurar la legalidad en un momento dado.

Los cambios que se requieren para que lo ocurrido en Cataluña no se repita en el futuro deben hacerse con cambios legislativos más allá del 155. Cambios que requieren modificaciones estatutarias y, tal vez, constitucionales. Cambios que deberán abordarse una vez recuperada la normalidad institucional.



Puigdemont admite florentinamente su derrota


El mensaje de Puigdemont tras ser cesado no es, ni por el tono ni por el contenido, el de alguien que está plantando cara al Estado, de alguien que no se da por cesado y que sigue al frente del Govern de la República catalana. No. Ni tan siquiera ha realizado ese mensaje desde el Palau de la Generalitat, sino desde su casa en Gerona. Y no lo ha hecho porque sabe y asume que ya no es el President de Cataluña. De lo contrario podría ser acusado de un delito mucho más grave: el de rebelión. Es, pues, el mensaje de un derrotado. Un mensaje florentino en el que Puigdemont alega que solo el Parlamento puede destituirlo, pero en el que no niega que lo esté. Todo lo que hace es llamar a 'una oposición democrática' contra el 155 'respetando las protestas de los catalanes que no están de acuerdo con lo que ha decidio la mayoría parlamentaria'. Algo inédito en la retórica oficial independentista. Puigdemont acata el 155 y acepta el reto electoral del 21-D porque no puede hacer otra cosa que intentar evitar males mayores.





dimarts, 24 d’octubre de 2017

Rule and Law in Catalonia [Editorial del Wall Street Journal]


THE WALL STREET JOURNAL.- It’s a topsy-turvy world when an elected leader enforcing a democratic constitution gets accused of staging a coup, but then that’s Catalonia this month. Separatists are furious that Spanish Prime Minister Rajoy might suspend autonomous government and force a new election to resolve a separatist crisis in the northeastern region.

Separatists, led by regional President Carles Puigdemont, claim Catalonia voted for independence from Spain in a referendum this month. No such thing happened. A majority of the minority of Catalans who participated in a publicity stunt dressed up as an election said they want to secede. A constitutional court had ruled the exercise illegal before it happened. It was an attempt at mob rule.

Now Mr. Rajoy wants to protect the rights of the non-secessionist majority. The national Senate will vote Friday on Mr. Rajoy’s plan to invoke a constitutional clause suspending autonomous local government until new elections for a regional parliament can be held, perhaps in six months. In the interim, Madrid would take over responsibility for policing, taxation and most public administration.

It’s a draconian step, but Mr. Rajoy has little choice. The regional government abandoned its obligation to uphold Spain’s constitution when it authorized the phony vote. Mr. Puigdemont claims to want negotiations between Barcelona and Madrid, but he won’t say what he wants to negotiate. He has refused even to say whether he is declaring independence.

Mr. Rajoy owes it to loyal Catalans to call time on this farce. Though he may need to deploy a heavy police presence to quell violent protests, the focus should be on keeping streets safe, schools open and other public services functioning while preparing quickly for regional elections. The courts will weigh sedition prosecutions against individual Catalan officials in some cases. Two local police officials are under investigation for their failures to stop the illegal vote, charges they deny. Madrid should be judicious but not shy about enforcing the laws.

There is nothing undemocratic about this. A duly elected national leader is trying to afford all citizens the protection of the national constitution against a minority of rabble-rousers. The biggest threat to Spain—and to Europe—would be to set a precedent for allowing fake votes to tear real countries apart.

The virtue of Mr. Rajoy’s approach is that it would put Catalan voters firmly back in control, through a legal election. Those voters say they want to remain within Spain but they keep electing separatist local officials, presumably as a protest and on the assumption Madrid would hold the country together anyway. A new ballot offers Catalans a path out of this crisis by taking political responsibility for the union.




dilluns, 23 d’octubre de 2017

“Estic cansada d’amagar-me. Sóc una botiflera”


DIARI DE GIRONA.- Escric aquest article quan mig país està traient diners als caixers automàtics per aconseguir no sé ben bé què. Ahir, quan vaig llegir aquesta consigna que arribava per terra, mar i aire (en resum, traieu diners tots a la vegada) vaig plorar i tot. Avui ja se m'ha passat –no ploro i escric un article, que és més productiu.

No sé si cal que digui que la mesura és irresponsable perquè em sembla de jutjat de guàrdia; tenint en compte que l'han seguit milers de persones segurament sí. El sistema bancari és molt sensible, immensament. I jugar amb això és jugar amb foc. Per altra banda no sé qui es vol perjudicar amb aquesta acció. Perquè de moment, a dia d'avui, els únics perjudicats són les iaies que volien treure diners per anar al mercat i no han pogut perquè el caixer no tenia efectiu. Era aquesta la idea? Si algú s'espanta, quan hi torni a haver efectiu el traurà tot per no tornar-se a trobar en la mateixa situació. Suposo que tots veiem el perill –immens– d'això.

Si em quedava algun gen de la independència amagat en algun racó del cos, els últims mesos s'ha quedat fulminat. Que no hi ha fractura social? No; si quan no ets independentista t'amagues a sota d'una pedra, no n'hi ha.

Mireu, jo escric aquest article perquè estic cansada d'amagar-me. Com molts altres catalans, vinc d'un context molt independentista, molt. És el que he viscut tota la vida. Quan he aconseguit fer-me una mirada pròpia sobre les coses, una mirada crítica, la meva, he hagut de callar. Com tantes altres persones. Els grups de whatsap són un infern. TV3 és un pamflet independentista vergonyós. La distorsió de la realitat és important. Si en algun context m'atreveixo a parlar provoco com a mínim decepcions.

Estic cansada d'amagar-me. Aquí ho teniu, soc una botiflera, ja m'ho dic jo mateixa, no patiu. Però aprofiteu per reflexionar-hi una mica, perquè com jo hi ha molta, molta gent, moltíssima, que continua amagada a sota la pedra.

HELENA BOADAS*

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(*) Helena Boadas es filla de l'escriptora y ex diputada de ERC al Parlament, Maria Mercè Roca.

Vía Dolça Catalunya


dimarts, 17 d’octubre de 2017

Això volen? Tornar a sofrir, tornar a lluitar i tornar a perdre?

Què volen? Tornar a sofrir, tornar a lluitar i tornar a perdre? Això es el que volen? Volen que la Generalitat hagi de ser intervinguda? Volen escapçar el moviment independentista? Si creuen que la 'repressió' de l'1-O va ser tan 'brutal' com diu la carta de Puigdemont, perquè frissen encara per portar a la seva gent a l'escorxador?

Qualsevol amb dos dits de seny sap que a vegades cal fer un pas, dos o els que faci falta enrera per no perdre-ho tot. Qualsevol. Menys el Govern de Carles Puigdemont. 'Catalonia is different'. A mi, res no m'agradaria més que el nacionalisme català acabi d'una vegada per totes al femer de la història. Però que siguin ells mateixos els que es posin la corda al coll que els ha venut la CUP, ni en Kérenski!

L'actual Govern català i la seva vampírica claca associativa i mediàtica és d'una mediocritat infinita, d'una ignorancia política majúscula i d'un fanatisme neci. Més de dos i de tres creuen que ja han vençut i que qualsevol pas endarrera sería traïció. I més d'un està disposat a pasar a la historia dels màrtirs, reals o suposats, de Catalunya.

Crec, però, que la majoria encara no s'ha begut del tot l'enteniment. Han actuat com a irresponsables i alguns d'ells han comès, per activa o per pasiva, delictes contra la legalitat democràtica, pels que hauran de respondre. Pero crec que la majoria no es gent de tot o res. Al cap i a la fi, també són catalans. El que passa és que están allitats amb els rauxats de la CUP, l'ANC, l'Òmnium Cultural i part del PDCAT i reboten entre el martiri victimista i el martiri botifler.

Però encara son a temps de donar el pas i empènyer Puigdemont. Alguns, començant pels empresaris, ja ho estan fent. Fins i tot l'editor del diari independentista ARA diu que la DUI sería un error. Que s'afanyin, doncs. Només els queden tres dies. Sàpiguen, però, que si no donen el pas, enlloc d'assolir el martiri i l'honor el més probable es que acabin sense honor i sense martiri, el que ja seria la riota.



¿Esto es lo que quieren? ¿Volver a sufrir, volver a luchar y volver a perder?

¿Qué quieren? ¿Volver a sufrir, volver a luchar y volver a perder? ¿Esto es lo que quieren? ¿Quieren que la Generalitat tenga que ser intervenida? ¿Quieren descabezar el movimiento independentista? Si creen que la 'represión' del 1-O fue tan 'brutal' como dice la carta de Puigdemont ¿porque siguen teniendo prisa por llevar a su gente al matadero?

Cualquiera en su sano juicio sabe que a veces hay que dar un paso atrás, dos o los que haga falta, para no perderlo todo. Cualquiera. Menos el Gobierno de Carles Puigdemont. 'Catalonia is different'. A mí, nada me gustaría más que el nacionalismo catalán acabe de una vez por todas en el estercolero de la historia. Pero que sean ellos mismos los que se pongan la cuerda en el cuello que les ha vendido la CUP, ni Kérenski!

El actual Gobierno catalán y su claque asociativa y mediática es de una mediocridad infinita, de una ignorancia política mayúscula y de un fanatismo necio. Más de dos y de tres creen que ya han vencido y que cualquier paso atrás sería traición. Y más de uno está dispuesto a pasar a la historia de los mártires, reales o supuestos, de Cataluña.

Creo, sin embargo, que la mayoría aún no se ha bebido del todo el entendimiento. Han actuado como irresponsables y algunos de ellos han cometido, por activa o por pasiva, delitos contra la legalidad democrática, por los que deberán responder. Pero creo que la mayoría no es gente del todo o nada. Al fin y al cabo, también son catalanes. Lo que pasa es que están encamados con los 'rauxats' de la CUP, el ANC, Òmnium Cultural y parte del PDCAT y rebotan entre el martirio victimista y el martirio 'botifler'.

Pero aún están a tiempo de dar el paso y empujar a Puigdemont. Algunos, empezando por los empresarios, ya lo están haciendo. Incluso el editor del diario independentista ARA dice que la DUI sería un error. Que se den prisa, pues. Sólo les quedan tres días. Sepan, sin embargo, que si no dan el paso, en lugar de alcanzar el martirio y el honor lo más probable es que terminen sin honor y sin martirio, lo que ya sería el hazmerreír.





dimecres, 11 d’octubre de 2017

'Los catalanes más estúpidos que los corsos' [Charlie Hebdo]




El referéndum organizado en Cataluña para su independencia hace temblar a Europa. Si todas las regiones europeas que tengan una lengua, una historia, una cultura originales empiezan a reclamar su independencia, el Viejo Continente se va a fragmentar como el casquete polar bajo los efectos del calentamiento climático. Puesto que hay unas doscientas lenguas en Europa, ¿por qué no crear doscientos nuevos países? ¿Y por qué no proclamar tantas declaraciones de independencia como quesos y vinos hay en el continente?

La independencia, sí, pero ¿respecto a qué? Es legítima la independencia cuando uno quiere liberarse de la tiranía o la opresión. ¿De qué destino trágico quieren hoy liberarse los catalanes? En 1977, poco después de morir Franco -éste había prohibido el uso del catalán después de su victoria en 1939-, la Generalitat de Cataluña fue restablecida, y luego la región se dotaba de un parlamento y de un gobierno regionales. Pero hoy, cuando Franco ya no está, hay que buscarse otro tirano al que poder derribar. Será el Estado español y, por supuesto, la peor dictadura jamás conocida en el mundo: la Unión Europea con sede en Bruselas.

Detrás de esa palabra esplendorosa, independencia, se ocultan preocupaciones a veces menos nobles. Como pasa con la Liga Norte en Italia, siempre la reclaman las regiones más ricas. Cataluña quiere la independencia porque ya no quiere soltar dinero a las otras regiones españolas menos ricas que ella. Es como si oyéramos de nuevo la voz de la innoble Margaret Thatcher: “I want my money back”. La lengua, la cultura, las tradiciones están muy bien para las postales, pero la pasta está mucho mejor. Las regiones pobres de Europa pocas veces bajan a la calle para obtener su independencia.

Más allá de estas consideraciones mercantiles, es curioso oír algunas voces de la izquierda reclamar la independencia de una región como Cataluña en nombre de una identidad cultural, que, por cierto, nadie cuestiona. Y además, ¿por qué la identidad cultural reivindicada por los catalanes debería ser tomada en cuenta y no la identidad cristiana defendida por los xenófobos europeos? ¿Por qué las palabras “identidad” o “cultura” suenan bien cuando las pronuncia la izquierda, pero se convierten en infames cuando es la derecha y la extrema derecha las que las pronuncian? La independencia de Cataluña no tiene por objeto liberar a esta región de una tiranía que ya no existe, ni permitir a la economía ser próspera, puesto que ya lo es, y mucho menos obtener el derecho a hablar una lengua autorizada desde hace tiempo. La obsesión identitaria que se expande por Europa como la podredumbre de una fruta afecta a la extrema derecha pero también a la izquierda. El nacionalismo de derechas y el de izquierdas tienen un punto en común: el nacionalismo.

Cuando Cataluña haya roto las cadenas que la atan a la monarquía española y al Santo Imperio Europeo, ¿qué ocurrirá? Al son de los tambores y de los pífanos, los gallardos independentistas desfilarán por las calles de Barcelona como si fueran la Columna Durruti, las jovencitas lanzarán pétalos de rosa a los militantes que habrá desafiado con arrojo al Estado policial español, corales infantiles con niños de pelito rizado cantarán a la libertad recobrada y al euro derrotado, las abuelas desdentadas tejerán banderas con los colores de la nueva República, y los bisabuelos desempolvarán la boina que llevaban en el frente en el 36. Será muy bello, emotivo, magnífico. Y luego, al final de la tarde, todo el mundo volverá a su casa para plantarse delante de la tele y ver el concurso de turno o el partido del Barça en cuartos de final de la Copa. Cataluña bien se lo merece.”




Primeros datos fiables sobre la manifestación del 8-O en BCN




Societat Civil Catalana, a diferencia de otro tipo de convocantes de manifestaciones de masas, ha tenido la decencia de ofrecer los datos que le han servido para proclamar que más de un millón de personas participaron en la manifestación del domingo 8 de octubre en Barcelona contra la secesión de Cataluña.

Los datos muestran que esta manifestación ha sido, por lo menos, tan masiva como la más masiva de las manifestaciones independentistas de las Diades del 11 de septiembre.

Pero también evidencian la dificultad para establecer un cálculo lo más preciso posible del número de manifestantes. Y la razón principal es la imposibilidad de establecer una densidad fiable en las rutas alternativas a la principal. Ello no le resta ni un ápice de éxito a la convocatoria, pero nos acerca más a la verdad.

Enhorabuena por el esfuerzo.

Textos de un infame 10 de octubre en Cataluña



Declaración de independencia firmada al margen del Parlament


Alocución del presidente Puigdemont en la que pide al Parlament que suspenda lo que parece que ha declarado, pero no lo somete a votación. Luego, fuera del hemiciclo, firma lo que tendría de haber sido suspendido en el Parlament.



LEY 19/2017, de 6 de septiembre, del referéndum de autodeterminación




dilluns, 9 d’octubre de 2017

Carta de una maestra catalana acosada por no ser independentista


Soy europea, española y catalana. Esposa de Policía Nacional. Y también maestra. Especifico, soy maestra en Cataluña, que no es lo mismo que en el resto del territorio español. Resumiendo, un blanco demasiado fácil estos días en Cataluña. Llevo más de 15 años dando clases en colegios públicos y privados catalanes. Cuando empecé en la educación catalana trabajaba en un colegio concertado y recuerdo un día en el que la Jefa de Estudios, de muy malas maneras, me llamó la atención por hablar en castellano en los pasillos de la escuela. Por supuesto, mi respuesta en ese momento no se hizo esperar y respondí amablemente, pero con seguridad y firmeza, que en clase hablaría en catalán porque así lo marcaba la ley, pero en los pasillos con mis compañeras y amigas hablaría como yo quisiera. Y me fui, indignada, pero feliz y segura de mi postura.

El pasado 2 de octubre no tuve la misma libertad. En un colegio público de la Generalitat de Catalunya donde aparentemente no se adoctrina a los alumnos, se convocó claustro de urgencia para poder hablar de la huelga general. Una huelga que estaba convocada mucho antes de que la policía cargara, mucho antes de ver imágenes en las televisiones, mucho antes de toda la manipulación... mucho antes. Era una huelga que nada tenía que ver con la educación y mucho con la independencia y las ganas del Govern de Puigdemont de sublevar a las masas catalanistas en contra de Policías Nacionales y Guardias Civiles que tuvieron que hacer su trabajo al no sentirse apoyados por sus 'compañeros', los Mossos d' Esquadra.

La dirección del centro se limitó a decir que no era una huelga por la independencia si no por la carga policial. Daba por hecho que todos se sumarían a este 'parón' como ellos lo llamaban, pero ahí estaba yo hecha con un puñado de nervios, noches sin dormir, muchas lágrimas derramadas y miedo, mucho miedo, por ser señalada... levanté la mano: - ¡Yo no me sumo a la huelga!

Un silencio desgarrador, matador y acusador se escuchó en toda la sala. Las miradas todas puestas en mí como si de pistolas se trataran. Sentí de nuevo pánico, terror, ansiedad, angustia... pero debía ser fiel a mis principios y a mis ideas.

Los días posteriores en la escuela no han sido mucho mejores. Marcada de por vida por compañeros que antes eran amables y simpáticos. Compañeros que ahora se tornan enemigos que me ningunean. Compañeros que se ríen en mi cara esperando que salte y lo que se me saltan son las lágrimas al llegar a mi casa. Pero, eso sí, como dice ellos, siempre de una manera pacífica, de una manera tranquila, pero acusando y asediando al enemigo que debe callar porque hay desasosiego, intranquilidad, malestar, angustia y mucha preocupación.

A partir de aquí la guerra en los colegios catalanes está servida. Colegios donde como siempre van niños, colegios con maestros posicionados y partidistas, colegios donde en el minuto de silencio se acusó a los policías porque 'todos los policías son muy malos', colegios donde hay hijos de Policías Nacionales, Mossos d' Esquadra y Guardias Civiles, colegios con aparente neutralidad, colegios con seres indefensos que nada entienden ni deben entender de política, colegios donde estos niños 'hijos de' están señalados y acusados...

Y me pregunto. ¿Qué futuro les espera a mis hijos, hijos de Policía Nacional y maestra contraria a la independencia? ¿Qué futuro les espera? Seguramente un futuro lejos de Barcelona, de Cataluña. Un futuro esperanzador en España. Aunque con todo el dolor de mi corazón tenga que renunciar a MI ciudad, MI casa, MI tierra y MI familia. Porque aunque no sea independentista también he nacido aquí y soy catalana. Catalana como la que más. Y hablo un catalán exquisito, pero he tenido 'la desgracia' de no pensar como ellos. Lo siento, pero debo ser fiel a mis ideas y también a mi España querida que tantas alegrías me ha dado a lo largo de mi vida.

¡Viva España! ¡Y viva Cataluña!

Silvia Forner, pseudónimo que utiliza esta profesora destinada en un pueblo costero en la comarca de El Garraf, a unos 50 km al sur de Barcelona.


La derrota del golpe de estado






La manifestación y los parlamentos (íntegro)


Vista de la manifestación desde un ático de Vía Layetana