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divendres, 3 de març de 2017

Limitando la libertad de expresión no se combate la discriminación


'Estoy en desacuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo'. Frases como esta -atribuida a Voltaire aunque nunca la pronunció- ya no se oyen ni se leen en ninguna parte. Como tampoco se oye ni se lee la sentencia atribuida a Alexis de Tocqueville que dice: 'la libertad de expresión es tan importante que hay que tolerar sus excesos'.

Para los pensadores ilustrados y liberales, la libertad de expresión era la piedra angular de la democracia y solo tenía un límite: la calumnia. Ninguna persona, ningún grupo, ninguna institución o ningún poder no podían censurarla ni impedirla, sobre todo si se ejercía en su contra.

En la práctica, la libertad de expresión ha debido de ser defendida constantemente ya que la voluntad de abolirla o limitarla ha existido siempre. Históricamente, esa voluntad restrictiva o liberticida ha provenido del poder constituido, ya sea político, económico, religioso o institucional.

Por el contrario, en las actuales sociedades occidentales de tradición democrática los intentos de limitar la libertad de expresión no proceden tanto de esos poderes como de minorías, tan organizadas como publicitadas, que quieren blindarse a la crítica. Se trata habitualmente de grupos sociales altamente politizados y radicalizados basados en la identidad.

Grupos que utilizan constantemente, con todo el derecho, una libertad de expresión que niegan a sus adversarios y que ejercen sin reparo alguno. Tanto, que a menudo suelen rebasar sus límites, llegando incluso al acoso y la amenaza. Sin embargo, lo que hacen estos grupos se considera siempre, en tanto no se demuestre lo contrario, que está amparado por la libertad de expresión, mientras que cuando los que se manifiestan son sus antípodas suele considerarse, de entrada, como un posible delito de odio, olvidando la presunción de inocencia.

¿Por qué es un delito de odio publicitar en un autobús que "Los niños tienen pene. Las niñas tienen vulva. Que no te engañen. Si naces hombre, eres hombre. Si eres mujer, seguirás siéndolo" (en respuesta a la campaña "Hay niños con vulva y niñas con pene") y no lo es, por poner un ejemplo reciente, que una Drag Queen haga escarnio de la Virgen y de Jesucristo crucificado? ¿Por qué un escrache o irrumpir en la capilla de la Complutense al grito de 'ardereis como en el 36' se considera libertad de expresión y no acoso o amenaza?  Pues porque existe un doble rasero moral y mediático.

Ni el autobús ni la Drag Queen han cometido delito alguno. Ni los unos por manifestar sus creencias -trasnochadas o no- sobre el ser humano, ni la otra por exhibir su irreverencia religiosa mediante la burla y la blasfemia. La libertad de expresión no está sujeta ni a la moral ni a la ciencia ni a ningún otro tipo de autoridad. Ambos, pues, han ejercido su derecho a la libertad de expresión. Sin embargo, ni han recibido ni recibirán el mismo trato mediático ni judicial. Como quedó claro en el caso de Rita Maestre.



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Inserto a continuación un informe elaborado por el abogado Benigno Blanco sobre los privilegios legales concedidos a los LGTBI en la legislación de la Comunidad de Madrid.

 





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