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dilluns, 3 de juliol de 2017

La abdicación de Felipe VI




(...)Juan Carlos I refunda la monarquía española. Y lo hace, queridos populistas, sobre valores republicanos. Sábete, Pablo, que un hombre no es más que otro si no hace más que otro. Y a partir de esa irreductible igualdad, todo lo demás. La libertad del ciudadano frente a cualquier imposición ideológica, identitaria o moral. La fraternidad como contrapunto luminoso de la guerra civil y como apoteosis -coronación- de la historia olvidada de las reconciliaciones españolas. Y, por supuesto, la ley, síntesis y garantía de la república. Todos los españoles, de las Alpujarras a Blanes, tienen hoy el derecho a decidir lo que afecta a su vida en común, literalmente hasta sus fronteras. Eso fue la reforma política de Juan Carlos I, Adolfo Suárez y Torcuato Fernández-Miranda. Este es el legado mayúsculo de la Transición y el valor diferencial de la Constitución de 1978. Esta es la razón, primera y última, para la defensa de la monarquía.

«¡¿La monarquía como garantía de igualdad?!». Los sobrinos de Maduro y tataranietos de Robespierre son gente torcida. Y primitiva y sorda. Así que habrá que repetirlo. La Constitución admite dos anacronismos: los derechos históricos de las comunidades autónomas y la monarquía. La diferencia es que uno se ha convertido en causa y síntoma de la epidemia segregacionista, y el otro en metáfora y garante del acuerdo civil. La corona no ha buscado nunca desbordar la función simbólica que le otorga la Constitución ni ha traicionado la letra o el espíritu de la Transición. El nacionalismo no ha hecho otra cosa. De forma empecinada, corrupta, ha convertido los derechos históricos que la Constitución reconoce a sus comunidades autónomas en pretexto y arma para la discriminación. Y lo ha hecho -lo hace- con el aliento fétido del populismo de izquierdas.

Iglesias, Junqueras, Garzón, Rufián, Colau... se proclaman republicanos. Son lo contrario. Anteponen la alucinación nacionalista a la moderna libertad individual. Prefieren el enfrentamiento a la fraternidad, entre contemporáneos y entre generaciones. Justifican los privilegios fiscales y exigen su ampliación. Promueven la división de los españoles en clases: una nobleza catalana, un vulgo manchego; una casta vasca, una plebe extremeña... Dinamarca y el Magreb. Aceptan, incluso exigen, que una parte del pueblo decida por el todo. Es decir, que unos españoles valgan más que otros. El populismo español es antimonárquico porque es radicalmente antirrepublicano. El sistema es la república. Ellos, la reacción.

Y de ahí nuestro estupor. La exclusión de don Juan Carlos del homenaje a la Transición es más que un desaire personal. Es una ocasión perdida para rehabilitar al último protagonista vivo de la más conmovedora hazaña política española. Y al capitán general de la noche febril del 23-F. Y, por cierto, al hombre que, harto de la agresiva verborrea populista antiespañola, mandó callar al padrino de Pablo Iglesias. Pero sobre todo es una concesión inútil a los falsos republicanos. A los que confunden el hombre con la institución para socavar, más que la institución, su suelo democrático: la voluntad soberana de los españoles, que en 1978 aprobaron -libres, iguales y fraternos- la monarquía parlamentaria como forma política del Estado.

Hay, además, en el destierro del rey viejo un efluvio pueril, impropio de un rey joven con una tendencia saludable a la gravedad. La monarquía es como la Transición: no puede reivindicarse de forma selectiva, parcial, a pedacitos. Unos querrían borrar de la foto a Santiago Carrillo. Otros a Manuel Fraga. Es un juego autodestructivo. La eficacia de la Transición -y no sólo su grandeza- deriva precisamente de su absorción de la complejidad. El pasado imperfecto de sus protagonistas se asumió e integró por responsabilidad con el presente y el futuro de los españoles. Y así, con todo, deberá asumirse e integrarse el pasado imperfecto del emérito.(...) 
CAYETANA ÁLVAREZ DE TOLEDO



Ministro Baiget: 'No habrá referéndum. Aguantaría ir a la cárcel, pero no si van contra mi patrimonio'



El consejero de Empresa y Conocimiento del gobierno catalán, Jordi Baiget, en una entrevista en el diario independentista El Punt-Avui, afirma que "el Estado tiene tanta fuerza que probablemente no podremos hacer el referéndum". "¿Se aprobará una norma legal catalana para que se pueda hacer? Sí. Pero en el minuto 1 vendrá la suspensión. Irán tanto en contra que quizás tendremos que hacer algo diferente, y algo diferente se puede asemejar a un 9-N".

"Por eso cuando desterramos el 9-N, cuando decimos que ahora no haremos un 9-N, a mí estas declaraciones no me gustan, nos cierran puertas ...". "Lo único que hará que si hacemos un 9-N no sea un 9-N (no es ningún juego de palabras) es que en vez de dos millones vayan a votar cuatro millones de personas".

"¿Ir a prisión? Yo podría aguantar tener que ir a prisión, pero no si van contra el patrimonio; pensemos en la familia ... nuestras decisiones pueden afectar nuestras familias ... ". "Una parte del gobierno no estamos en el núcleo duro de las decisiones, y esto ... esto genera lo que genera ... A mí, y en otros, se nos consulta la estrategia de lo que tenemos que hacer? No. Y en función de la estrategia que se decida, quienes no estamos en el núcleo duro de las decisiones tendremos que tomar alguna con muy poco tiempo sobre cosas que no habremos podido madurar. Y eso, eso ...".

Las declaraciones de Baiget están arrasando en las redes sociales. Hay para todos los gustos. Reproduzco, traducida del catalán, la siguiente reacción por su gran ironía:

CAOS TOTAL EN EL PROCESISMO

Que no se podía hacer el referéndum ya lo sabíamos al principio, ahora se trata de hacerlo. Cueste lo que cueste y caiga quien caiga. Espero que al Baiget lo hagan dimitir esta misma tarde. Este personaje no se ha creído que habría un referéndum. Nos va a entregar.

A estas alturas hay gente decidida, con mala leche y valiente como nuestro Presidente Puigdemont. Momento histórico que pondrá a cada uno en su sitio.

Qué asco de cobardes.

¿Cagado? Pues a la mierda.

Una gran deslealtad y una traición al gobierno y al proceso. ¡Debería largarse ya!

Este, antes de empezar ya se ha rendido! ¿Qué habrías hecho en 1714, largarte el primer día del asedio borbónico? Aquí no te estás jugando la vida como los miles de catalanes en 1714. Esto en casa se llama COBARDÍA!




Borrador de la ley de referéndum de autodeterminación



Como se desprende de su lectura, se trata simple y puramente de una impostura legal para convencer a todos aquellos funcionarios y empresas que en algún momento participen directa o indirectamente en el referéndum que no están cometiendo ninguna ilegalidad.